El rugido de la batería se ha apagado: Allen Blickle, el que fue motor y músculo detrás de los platos en Baroness, nos ha dejado. ¿Qué queda tras la marcha de un músico que no solo golpeaba redobles, sino también las fibras más sensibles del rock alternativo y el post-metal internacional? Un eco sordo, sí. Pero también un legado tan macizo que retumba todavía entre quienes tuvieron el privilegio (y la suerte) de cruzarse con él.
Allen Blickle: la columna vertebral del Baroness primigenio
Si pusiste alguna vez el Red Album o el Blue Record a todo trapo, sabes de sobra que lo de Allen Blickle no era simplemente marcar el tempo. Era llegar de la niebla y soplar vendaval. Blickle formó parte de la alineación fundacional cuando Baroness todavía era el gran secreto del rock underground estadounidense. ¿Las fechas? Hasta 2013, él sostenía la tormenta sonora detrás del kit.
Por desgracia, la tragedia se cruzó en su camino y en el del grupo: el infame accidente de autobús que tiñó de sangre una gira europea allá por 2012. Varios miembros –él incluido– acabaron hospitalizados. A partir de ahí, no fue lo mismo. Blickle dejó Baroness, pero su presencia siguió como fantasma entre cortes sincopados y fill-ins imposibles.
Más que una máquina tras los parches
No hablamos solo de un animal de escenario, lo suyo era sensibilidad y músculo a partes iguales. Blickle compartió proyectos como Romantic Dividends, A Place To Bury Strangers o Alpaca. Quien lo vio en directo sabe que su groove era tan artesanal como demoledor, ese tipo de pegada que en directo te arranca el aire del pecho y en disco te deja marca para siempre.
Recuerdos rotos y un adiós viral en redes
Las despedidas duelen, y más cuando caen tan cerca de casa. Laura Pleasants, emblema de Kylesa, subió la temperatura en Instagram con un homenaje de esos que te cortan la respiración, sin paños calientes: “Pensábamos que habías superado aquel infierno. Joder, íbamos a vernos al volver de mi gira… Me siento afortunada de haberte recuperado tras mi mudanza a L.A.”. Autenticidad cruda, complicidad de quienes han compartido escenario y colgado la piel en cada canción. Blickle, decían, era de los de verdad. Talento. Actitud. Un amigo que se marcha siempre demasiado pronto.
La herida sigue abierta… y no solo para Baroness
Un apunte para los que pintan canas en el circuito alternativo: Allen Blickle no fue una anécdota, fue piedra angular de un grupo que ahora recorre Europa reconstruyéndose, mientras el fantasma de su batería resuena en antros de Zurich, París o Esch-sur-Alzette. Ironías de la vida, la noticia del fallecimiento llega poco después de la última gira europea de Baroness en 2024, compartiendo cartel con Graveyard y Pallbearer.
Lo que queda cuando todo se apaga
Queda el recuerdo de un talento inmaculado. El sonido áspero de un plato bañado en sudor. Los abrazos en camerinos y las confidencias tras bambalinas, el camino amargo del rock auténtico. No es casualidad que músicos de ambos lados del Atlántico confiesen haberlo admirado y querido. Es la huella de los que no se conforman con marcar el compás, sino que escriben latido a latido una historia que va mucho más allá de las modas.
Se ha ido Allen Blickle. Pero si alguna vez gritaste al escuchar los riffs de Baroness o te volaste la cabeza con un golpe de tom en directo, sabes que su tambor sigue sonando ahí. Derribando el silencio. Porque los auténticos, los puros, no se van del todo. Solo afinan el ritmo en otro lado, donde el eco nunca se apaga.
