Perry Farrell responde a la denuncia contra Jane’s Addiction y niega la compensación millonaria que le exigen

¿Puede una leyenda del rock romperse en mil pedazos en pleno directo y acabar en los juzgados? Así de grotesco, así de real: Jane’s Addiction vuelve a la palestra, no por su música, sino por una disputa judicial que parece un guion de vodevil oscuro. Perry Farrell, ídolo y villano en la misma medida, se ha plantado ante los tribunales y rechaza pagar ni un céntimo de los 10 millones de dólares reclamados por sus antiguos compañeros. ¿Redención o caída final? La llama de la polémica no deja de arder entre los riffs ásperos de una banda que nunca fue de medias tintas.

Jane’s Addiction: sangre, sudor y abogados… ¿rock and roll?

Entre las sombras que envuelven el regreso (y casi despedida) de Jane’s Addiction en 2024, la realidad siempre supera la ficción. No hay ni rastro de esa redención mística que sugería el título de uno de sus últimos singles. Lo que hay es una batalla campal en el barro legal, donde Perry Farrell, a sus 66 años, desafía a la banda que él mismo llevó al olimpo. Dave Navarro, Eric Avery y Stephen Perkins cargan contra su cantante, acusándole de agresión, dejadez absoluta y más de un abuso sobre el escenario, todo a cuenta de una discutidísima noche en Boston.

Perry Farrell se defiende: “ni he pegado ni he arruinado nada”

Según los documentos recién filtrados, Farrell tira de artillería legal y ética: se declara inocente a todo, ni rastro de mala fe, ni una pizca de culpa, y exige que se retiren los cargos con devolución de gastos de abogados incluida. ¿La explicación? “Actué de buena fe”—repite, con ese aire de iluminado rockero que le caracteriza—. Mientras tanto, sus compañeros le responsabilizan de la cancelación de una gira que prometía lluvia de euros, y le culpan incluso de actuar bajo los efluvios del alcohol. El cuento de nunca acabar en el rock: ¿víctima de sus demonios o chivo expiatorio de los males ajenos?

Versiones enfrentadas: del escenario al cuadrilátero judicial

El ambiente es pura dinamita. Por un lado, los músicos exigen indemnizaciones millonarias por “daños morales y económicos”, tras el presunto caos instalado por Farrell. Por el otro, el cantante narra que fue acosado durante meses, incluso llegando a denunciar una presunta agresión física por parte de Navarro y Avery tras bambalinas, todo ello delante de su mujer Etty Lau Farrell, como si fuera un episodio oculto de ‘Behind the Music’ en clave de thriller.

La ruptura fue fulminante. El anuncio de la anulación de todos los conciertos cayó como un martillo pilón: unos decían que era por el comportamiento errático e inestable del cantante, otros responsabilizaban al resto de la banda por tomar decisiones sin diálogo. Entre tanto ruido, algunos fans se aferran aún al espejismo de reconciliación y a esos dos últimos temas grabados en la vieja formación —“Imminent Redemption” y “True Love”—, ya condenados al estatus de rareza amarga.

¿Funeral o resurrección imposible para Jane’s Addiction?

Los portavoces legales de ambas partes no dejan lugar para la duda: no hay voluntad de tender puentes. Cada uno acusa al otro de arruinar no solo un revival largamente esperado, sino la propia esencia del grupo. En términos de prestige, Perry Farrell dice que está pagando el pato y que su nombre ha sido arrastrado por el fango público, incluso ante toda la escena rock. Sin tapujos, declara que han destrozado su reputación y hay algo de verdad incómoda en ese reclamo.

Desde el otro rincón, los abogados de Navarro, Avery y Perkins insisten: lo que dicen, va a misa, y la cosa está recogida hasta en vídeo. Cero espacio para medias tintas. Silencio espeso en la sala. Y el eco de mil noches gloriosas convertido en un murmullo de reproches y abogados.

Jane’s Addiction: mitos, héroes y ruina emocional

Así, Jane’s Addiction parece condenado a convertirse en uno de esos mitos rotos por dentro, donde la leyenda queda ensombrecida por la incapacidad de reconciliar fragmentos. ¿Será el final? Puede que sí, puede que no, porque si algo enseñó el rock alternativo es que aquí todo puede reventar, pero nunca se apaga del todo. Las cicatrices arrastran un olor metálico, como los cables después de un concierto pasado por sudor y gritos. Pero, ¿quién no ha sentido alguna vez el vértigo de destruir lo que más ama?

  • Jane’s Addiction: Pasión y conflicto a partes iguales.
  • Perry Farrell: ¿Culpable absoluto o mártir necesario?
  • Gira cancelada: Una herida difícil de cerrar, ni con toda la fuerza del rock angelino.

Jane’s Addiction no tiene previsto volver… ni mucho menos callarse. Demasiado ruido para dejarlo en el olvido.

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