¿De verdad alguien se cree que Pink Floyd era una banda de rock progresivo? David Gilmour te lo va a desmontar, sin tapujos. Si crees que el prog es pura técnica de laboratorio y caras largas en el escenario, lo que viene te va a volar la cabeza…
Pink Floyd: ¿prog para eruditos o herejes del género?
Hay quien dice que Pink Floyd inventó el rock progresivo. Hay quien dice que sin ellos, no existirían ni Yes, ni Genesis, ni los discos conceptuales con portadas hechas en ácido y letras sobre planetas perdidos. Pero a David Gilmour, eso del “prog” le suena tan real como un unicornio tocando un arpa. Durante una charla nada menos que con Rick Beato en YouTube, el guitarrista lo soltó clarito: “Nunca pensé que hiciéramos rock progresivo. El prog va de músicos técnicos y demasiado serios. Nosotros éramos otra cosa.”
Se veía venir: Pink Floyd siempre caminó por la cuerda floja entre el delirio psicodélico y la poesía urbana. Para Gilmour, pensar en etiquetas era tan absurdo como una jam sin cerveza. Y lo deja caer con sorna de viejo cascarrabias: “Ya era un gruñón en los veintitantos… ‘Eso no es lo nuestro’.” ¿Quién puede discutirle? Ni Wikipedia, ni los puristas del prog, ni los que repasan las portadas de los vinilos hasta el mínimo detalle. Floyd iba por libre. Siempre.
Improvisación: la brújula de Gilmour en el escenario
Olvídate de solos calcados nota a nota, de repetir hasta la extenuación lo mismo como si fueras una IA programada por un fan de Emerson, Lake & Palmer. Si hay algo que define el juego de Gilmour, es ese temblor improvisado, ese edge, esa sensación de que todo puede pasar en directo. Comfortably Numb? Ni una sola vez igual. ¿La partitura escrita? A tomar viento fresco. “Nunca lo toco de la misma manera. Ni siquiera me lo aprendí”, confiesa. A Gilmour le va lo imprevisto, el aquí y ahora, la electricidad de ese segundo flotando entre feedback, trastes y público hipnotizado. Cada concierto, una pieza nueva.
Otoño sin tregua: Gilmour, Floyd y el futuro incierto
Que nadie lo dé por acabado. A sus 79 años, el hombre sigue en la brecha, más comprometido que un británico con el té de las cinco. Nuevo disco en solitario en el horno (y ya huele a guitarras rugiendo), directo bajo el brazo para octubre (The Luck and Strange Concerts), y una peli en IMAX grabada en el mismísimo Coliseo romano que promete poner los pelos como púas de erizo. Por si fuera poco, el Wish You Were Here 50 aniversario llegará en diciembre con demos que hasta hace cuatro minutos ni sabías que existían, mezclas Atmos que dan vueltas a tu cabeza y grabaciones restauradas, cortesía del gran Steven Wilson. Un festín para los locos del sonido, y para los que sudan de etiquetas.
¿Y si lo genuino no tiene etiqueta?
Casi seis décadas después, lo único que ha demostrado Gilmour es que no le interesa el corsé de los géneros. Su música se cuela por rendijas insospechadas, zigzaguea entre lo introspectivo y el desgarro, se cuela en la memoria como la última luz de una tarde gris Londres. Ponerles etiquetas es como intentar meter las nubes en una cajonera. Y mientras algunos siguen peleando por quién inventó el progresivo, Gilmour sonríe, improvisa y nos recuerda que lo auténtico escapa a toda definición.
¿Y tú? ¿Pink Floyd, progresivo puro o pura herejía? Exprésate sin miedo, la polémica está servida.




