¿Nunca has sentido el peso asfixiante del mundo moderno sobre los hombros, como si cada notificación fuera una piedra más que cargar? Pues prepárate: Baïkal ha decidido echarse ese elefante encima… ¡y te invita a sumergirte en la opresión! El grupo francés explosiona con «Hikikomori», su nuevo videoclip y cuarto corte de su álbum debut, lanzando una mirada cruda y sin anestesia a la alienación contemporánea. Así que, si crees que el metal solo sirve para desahogar frustraciones, ve preparando el casco. Lo de Baïkal va mucho más allá: es exorcismo, es trance, es tormenta sónica y jaula mental a partes iguales.
Baïkal, o cómo convertir tu ansiedad en arte abrasivo
Atrévete a entrar en la madriguera revestida de hierro de Baïkal. Su nombre no es casual: igual que el lago siberiano de insondables profundidades, este cuarteto va directo al fondo. En «Hikikomori», la paleta sonora es tan densa que parece el humo denso de una fábrica abandonada; post-metal, trip hop y ese pulso frío de la dark electro chocando de frente, como si Massive Attack le pasara la batuta a Neurosis para dinamitarnos por dentro. Uno de esos temas que huelen a humedad, metal y recortes de periódico viejo: nada de confort, pura incomodidad lúcida.
Un videoclip para perderse, o para aislarse del todo
El videoclip de «Hikikomori», estrenado el 10 de octubre, no tiene compasión. Recuerda a esas películas donde lo onírico y lo pesadillesco bailan un vals lento, con luces parpadeantes y paisajes devorados por la electrónica decadente. Baïkal lleva el fenómeno japonés de los hikikomori —personas que deciden desconectarse, cerrando todas las puertas al mundo— y hace de ello un mantra, una súplica ahogada. Las voces de Matthieu Romarin son susurros antes de romperse, los riffs destrozan el aire. El doom del estribillo rasga la tela del silencio, rebotando en las paredes de habitaciones minúsculas, convertidas en fortalezas de soledad.
La mutación constante de Baïkal: ni post-metal ni simple nostalgia
El grupo formado por Jérôme Colombelli y Matthieu Romarin (sí, los de Uneven Structure, para los fans de los riffs anfetamínicos), a los que se han sumado Julien Turrin y Arnaud Ferveur (ex-X-Vision), no es un simple accidente en el panorama progresivo francés. Lo suyo es mezclar sin pedir disculpas: post-metal violento, shoegaze nebuloso, doom macizo y matices electrónicos dignos de bandas sonoras para ciudades muertas. No, no son los típicos «chicos del djent» ni apuestan todo al desenfreno: el viaje aquí es hacia dentro, como si abrieras la caja torácica de la mente y encontraras, en lugar de esperanza, un mar oscuro e inestable.
Su debut homónimo, molido y afinado por Chris Edrich (The Ocean, Devin Townsend… poca broma), pone en el escaparate temas como «Descent», «Cardinal» o el retorcido «Rorschach». Canciones que te dejan temblando, pero también queriendo más. Y no porque sean pegadizas, ojo: es porque la experiencia es tan inmersiva, tan cinematográfica, que parece que estés dentro de una película embotellada entre ecos, distorsión y níveas pinceladas de sintetizador.
La opresión es el pan nuestro de cada día
Matthieu Romarin lo dice sin pudor: “Queríamos capturar esa opresión constante que vivimos hoy, esa niebla que no deja respirar. Y hay quien, hastiado, solo quiere esfumarse”. ¿Harán de esto su bandera? Más bien un espejo sucio para que todos nos veamos ahí, aunque sea solo un momento. Baïkal no quiere que bailes ni te sientas libre. Quiere darte en la cara con la verdad amarga de estos tiempos.
¿Y ahora qué? Baïkal y el abismo siguen ahí…
Firmado ya por Araki Records y con una identidad mutante que desafía etiquetas, Baïkal ha venido a recordarnos que el metal puede ser tantas cosas como estados de ánimo caben en una mente en ruinas. Su web oficial es la puerta de entrada para perderse aún más en su propuesta. Pero ojo, cruzarla es asumir que, después, nada te sabrá igual. Porque mientras el ruido y el silencio batallan en tu cabeza, esos riffs pegajosos y esa niebla electrónica seguirán dentro, susurrando: “no estás solo en tu encierro, pero tampoco hay escapatoria fácil”.

