¿Qué hace Devin Townsend cuando la marea baja y el mundo parece suspirar? Exacto. Se encierra en su guarida, cierra las persianas, enchufa la guitarra y nos lanza a la cara una versión desnuda, cruda, visceral, de “Gratitude”. Y no lo hace en un estudio carísimo ni rodeado de ingenieros aplaudiendo: lo hace en casa. Sin cortinas de humo. Un año ha pasado desde que PowerNerd explotó en nuestros oídos, y Townsend ha decidido celebrar el aniversario rasgando las fibras más profundas de su propia creación. ¿Homenaje o confesión? Aquí hay de los dos, y te lo voy a contar.
Devin Townsend, vulnerable y a pecho descubierto
Olvida los efectos pirotécnicos, olvida la grandilocuencia habitual del metal progresivo. El 25 de octubre, Devin Townsend se marcó un “playthrough” de “Gratitude”, ese temazo que ha tatuado a fuego en PowerNerd. Nada más y nada menos. Un año justo desde su último álbum, y el canadiense —sí, ese monstruo creativo que no se cansa de jugar con los géneros— se graba a sí mismo en el santuario de su hogar.
¿Sabes lo que dice con el vídeo? “Para el aniversario de PowerNerd, aquí tenéis uno de mis temas favoritos tocado desde el salón”. Ni más, ni menos. Sobrio, emocional. Townsend viene de atravesar una tormenta interna —con lágrimas, con rabia, con todo lo que lleva dentro— y lo único que le sale es vaciarse en música, así, sin trampa ni cartón. Estás frente a la versión más real, nada impostada. Esto no lo verás en mainstream, amigo.
Un año de mirar hacia adentro: metamorfosis Townsend
Si 2025 iba a ser el año de los excesos para Devin, lo dejó claro: ni de coña. Cansado de giras interminables, anunció descanso en primavera y se encerró en laboratorio —léase, estudio—. El resultado: proyectos a mansalva. “The Moth” está ya oliendo a mezcla final y promete quemar neuronas. Townsend lo describe como un “monstruo” gestado gracias a la herida abierta que dejó PowerNerd.
Pero eso no es todo. Entre viajes interiores, ha rebuscado en su propio catálogo: se ha atrevido a revisitar “Divine”, “From The Heart”, ha jugueteado con los embriones de “DreamPeace” y “The Ruby Quaker Show”. Dice tener noticias jugosas para noviembre. ¿Promesas? “Estoy deseando vomitaros todo lo que tengo dentro”. Hace falta valor —y algo de locura— para desnudarse así.
¿La banda sonora de esta catarsis? Mira y escucha
¿Te atreves a mirar la verdad a los ojos? Aquí tienes la versión íntima y demoledora de “Gratitude” que lo está petando en YouTube:
Lo personal se convierte en universal…
La lección de Townsend es clarísima: el rock progresivo no es circo, no es fuegos artificiales. Es dolor. Es vida. Es metamorfosis hecha sonido. Un artista puede tardar décadas en romper la coraza y dejar que su música huela a lo que huele su alma: sudor, lágrimas, gratitud. ¿Lo pillas? Aquí no hay filtros. Hay verdad, por incómoda que resulte.
- ¿Qué queda tras este aniversario? Un Devin Townsend más humano, más voraz. ¿Habrá calmado la bestia? Lo dudo. El metal sigue reclamando sangre fresca.
- ¿Mención aparte? No hay nadie en la escena que reinvente la vulnerabilidad con tanto descaro. Si no lo sigues de cerca, despierta. O te lo vas a perder.
Conclusión: Cuando el metal mira al espejo
No todo es ruido, no todo es técnica. A veces el mayor rugido es un susurro desde el salón de casa. Townsend lo entendió en 2025 y nos lo ha devuelto con un “Gratitude” que duele, que cura, que te quema un poco por dentro. Si el progresivo sigue siendo un género vivo es porque artistas como él siguen dinamitando el molde desde dentro. Así que ya sabes: el aniversario de PowerNerd no es una fiesta, es un exorcismo. ¿Listo para el siguiente acto?




