¿Power Trip sin Riley Gale? Sí, pero no te precipites: la bestia thrash americana está a punto de reventar nuestros tímpanos de nuevo, ahora con Seth Gilmore al frente del micrófono. ¿Renovarse o morir? Parece que han elegido una tercera vía. Una más dolorosa, valiente y, honestamente, impredecible. ¿Serán capaces de canalizar el huracán que fue su difunto frontman para despegar con nueva energía… o caerán víctimas de su propio culto? La respuesta va tomando forma electrificada, riff a riff.
El regreso menos esperado: Power Trip abre la puerta a un nuevo capítulo
Cuando la muerte arrolladora de Riley Gale dejó a Power Trip huérfanos en 2020, todo parecía acabado. El silencio era punzante, como un amplificador encendido en plena noche, zumbando con recuerdos que nadie quería apagar. Pero el tiempo, vaya, el tiempo: terco, burlón, casi insulta queriendo que la vida siga. Y aquí estamos, con la banda tejana oficialmente en proceso de gestación de un nuevo álbum, luciendo orgullosos la llegada de Seth Gilmore como vocalista.
La noticia la soltó su guitarrista, Blake Ibanez, en una entrevista reciente. Y lejos de sonar a “reemplazo”, el mensaje fue claro: nadie va a ser Riley. Pero tampoco van a congelar el legado. La química que Ibanez encontró en Gilmore, curtido en la escena hardcore, revitaliza la sangre del grupo. Hay electricidad en el ambiente. Más salvaje, más feroz, tal vez menos nostálgica. Un cruce de caminos entre el respeto al pasado y las ganas de prender fuegos nuevos.
La resurrección en directo: riffs, sudor y cicatrices abiertas
Después del parón forzoso y las especulaciones infinitas de fans cínicos (“están muertos”, “mejor no toquen sin Gale”), Power Trip prefirió dejar que sea el escenario quien hable. Primero teloneando a Pantera (¿provocación calculada o simple homenaje?), después encadenando salas y festivales en Europa. Cada bolo era un rito de resurrección: temazos de siempre, la sombra de Riley flotando como una nube negra, pero también chisporroteos de algo nuevo.
París, junio. Vivir ese concierto fue como abrir una herida y encontrarle sentido en el dolor. ¿Los puristas se quejan? Lo de menos. Porque la banda es consciente de lo irremplazable, pero también de la responsabilidad –casi sagrada– de no permitir que esos estribillos estruendosos queden reducidos a un souvenir vintage.
Seth Gilmore: identidad propia, cero imitaciones y corazón de hierro
La clave aquí es Gilmore. Sí, viene de Fugitive. Sí, es otro hijo adoptivo del hardcore texano. Pero sobre todo, no quiere y no puede ser una copia de Gale. Lo ha dicho Ibanez: el objetivo nunca fue importar un clon, sino sumar una nueva voz, rabiosa y honesta. Y si algo transmite Gilmore sobre las tablas es hambre: el deseo de ganarse el respeto, el amor sin condiciones que se exige en cada breakdown. Con cada grito desafinado o cada frase temblorosa, el mensaje queda claro: aquí no hay idolatría barata. Es pura lucha, sin red de seguridad.
Un Tercer disco en el horizonte… ¿Y ahora qué?
¿Habrá fecha? Nada aún, y mejor así. Cualquier prisa sería un sacrilegio. Power Trip prefiere meter cuchillo en la llaga y escribir sin prisa, atesorando esa sensación de catarsis tras años de supervivencia. Lo que venga tendrá ADN de Power Trip, pero también ese veneno nuevo que aporta Gilmore. No será un “regreso” sin riesgos; tampoco será un simple revival. En pocas palabras: será una declaración de intenciones para todos los que todavía creen que el thrash puede ser sudor y puño al aire, y no solo pose de caratula envejecida.
La herencia de Riley Gale: siempre presente, nunca fosilizada
Ibanez lo deja claro entre líneas: lo hecho con Gale jamás será relegado a un rincón oscuro. Pero, ¿qué sería peor, convertirlo en reliquia o permitir que su energía siga encarnándose en canciones vivas? La apuesta está hecha. Se avecinan nuevos himnos, riffs desbocados y esa rabia inconfundible que los puso en la cima. El futuro de Power Trip será incómodo, ruidoso, quizá impredecible. Como debe ser en el metal que desafía al tiempo.
Mira la entrevista de Blake Ibanez en Altars Of Metal:
¿Listos para otro asalto de Power Trip? El desafío está servido. El resto es ruido, polvo… y la eterna espera inquietante que solo el buen thrash es capaz de alimentar.

