¿Cómo se derrumba una banda de death metal? ¿Y qué ocurre cuando su líder decide reescribir las reglas del juego, mezclando sátira negra con catarsis personal? La caída de Vitriol —y la transformación pública de Kyle Rasmussen en su alter ego Preta— es un show tan abrasador y excéntrico como el propio género. Queda claro: aquí nadie sale ileso, y mucho menos indiferente.
Del colapso a la reinvención: Vitriol entra a la zona peligrosa
La noticia estalló como una granada entre los fans más extremos: en pleno torbellino de su gira norteamericana, Vitriol se resquebrajó brutalmente. Keith Merrow, Brett Leier y Andy Vincenzetti abandonaron el barco condenando, sin tapujos, la explosiva personalidad de Rasmussen. ¿Resultado inmediato? El frontman hundido en la carretera, con su pareja y un perro como únicos aliados, lanzando una colecta online para volver a casa mientras las redes hervían.
Miseria, guerra interna… y un crowdfunding que sorprende
¿Queréis drama? Más de 10.000 dólares (unos 8.500 euros, ni más ni menos) recolectados por una horda de seguidores que no olvida. El metal, al fin y al cabo, es familia cuando hace falta. Pero mientras unos veían el ocaso, Rasmussen encendía otro fuego: la aparición espectral de Preta. Alter ego, performance, parodia nihilista… llamadlo como queráis, pero él mismo lo anunció: “Ha muerto mi antiguo yo; ahora soy Preta, una forja ardiente de odio y misantropía. El problema y la solución. El ejecutor supremo de sentimientos y el bufón enloquecido del metal extremo”.
Preta: sátira, autoexorcismo y escarnio público
En un larguísimo manifiesto publicado en redes, el músico dejó claro que esta metamorfosis no es otra cosa que un acto de sátira con aires de desahogo. Bromas macabras, referencias pop y una ironía retorcida, mientras advierte: “Ser públicamente malévolo va a ser muy divertido”. Pero atentos, porque no falta la autocrítica: Rasmussen admite que está en terapia, que tiene psiquiatra y medicación, y que, pese a la pose, el trasfondo es humano y dolido.
Death metal con mala leche… ¿o simplemente realismo brutal?
En un estilo digno de un villano caricaturesco salido de un cómic de los 90, Preta no deja a nadie indiferente. Hay quien lo llama histriónico, otros ven solo un grito de ayuda. Pero una cosa es segura: el death metal —como género y como actitud— rara vez ha tenido un portavoz tan corrosivo y sincero en su caída. Adiós al postureo de tipo duro y saludos al caos interior expuesto ante miles.
¿Vitriol ha muerto de verdad?
Por ahora, Vitriol es el reino de un solo jefe, a la espera de quién se atreve a unirse a un proyecto que escuece sólo de rozarlo. Rasmussen habla de “colaboraciones futuras”, sin detalles ni promesas, mientras la comunidad metalera especula si aquí nacerá algo nuevo o si la hoguera acabará consumiendo todo lo que queda.
“Ser Preta es una fiesta. O un grito.”
En plena resaca, Rasmussen ha inundado Instagram con publicaciones rebosantes de cinismo y viscerales retalazos de esta nueva identidad; mucho más que una simple maniobra de marketing, parece el puñetazo definitivo a una industria que celebra el conflicto tanto como el virtuosismo. El metal extremo vive de la exageración, del choque frontal de emociones y del carisma sin cortafuegos. ¿Será Preta la chispa de un renacer o el epitafio a medida de Vitriol? Tiempo al tiempo.
Publicaciones recientes de Preta en Instagram:
En resumen: donde arde el death metal, alguien se reinventa
No es solo un capítulo más en la novela interminable del metal extremo. Hay ruptura, metamorfosis y, sobre todo, un artista jugando peligrosamente (y brillantemente) en la frontera del humor negro y la brutalidad más descarnada. Vitriol puede que esté en pausa, pero el grito de Preta ya resuena, incómodo y adictivo, esperando que alguien sea capaz de aguantarle la mirada.

