Will Ramos de Lorna Shore revela el verdadero significado de Glenwood y se cuestiona si merece la pena vivir enfadado tanto tiempo

¿De verdad merece la pena quedarse atrapado en la rabia? El deathcore moderno se lo pregunta a cara de perro con la nueva dosis emocional de Lorna Shore: “Glenwood”. Lo último de Will Ramos y sus apisonadoras de Nueva Jersey no solo te parte el pecho con blast beats y guturales demenciales, sino que te revuelve las tripas con una confesión tan personal como dolorosa. Prepárate, porque esto va mucho más allá de lo brutal: esto va de heridas familiares que nunca terminan de cicatrizar.

Glenwood: Deathcore convertido en terapia personal

No, no es solo otro temazo para hacer “windmill” con las cervicales. Con “Glenwood”, Lorna Shore se saca una balada descarnada disfrazada de martillo pilón, bañada en una angustia casi poética. La canción, acompañada de un videoclip tan oscuro como evocador —ojo al ojo clínico de Dylan Hryciuk tras la cámara— es el testamento de Will Ramos. Hablamos de una relación rota con su padre, de ese típico silencio que a veces se hace eterno y del desgarro de volver a pisar la calle donde todo empezó: Glenwood Avenue. Ya lo dice el propio Ramos: “Durante la adolescencia, mi viejo y yo ni nos mirábamos. Tiros, broncas… Hasta que el silencio fue más pesado que el ruido”.

El reencuentro, años después, no tuvo nada de épico: cabello encanecido, miradas vacías, una casa igual pero distinta, empolvada y extraña. El tiempo pasa para todos… pero duele más cuando lo ves reflejado en quien un día fue tu héroe o tu enemigo. La pregunta que deja flotando el estribillo duele igual que un breakdown: ¿Merece la pena vivir cabreados hasta el final?

I Feel The Everblack Festering Within Me: Blackened deathcore en tecnicolor y a quemarropa

El nuevo álbum de Lorna Shore no se anda con zarandajas: “I Feel The Everblack Festering Within Me” es una paleta de grises profundos y rabia afilada, pero también un derroche sinfónico y una violencia tan desbordante que roza lo hermoso. Olvida la etiqueta fácil de “deathcore”: lo de Ramos y compañía son paisajes apocalípticos con orquesta y pólvora. Canciones como “Prison Of Flesh”, “Oblivion” o “Unbreakable” te atrapan como un descenso a los infiernos, mientras la voz de Will araña, suplica y arrastra culpas propias y ajenas.

La fórmula no es ningún secreto, pero aún hay quien se atreve a negarlo: extremosidad, melodía y una dosis de dolor que le da sentido a cada riff. ¿Quién dijo que el metal extremo era solo ruido y bestialismo? Aquí hay lágrimas, miedo y una candela existencial que pocos igualan hoy.

Lorna Shore se prepara para arrasar Europa

¿Creías que esto era todo? Prepárate porque Lorna Shore se trae de vuelta la gira que hará temblar los oídos más curtidos del viejo continente. Después de aniquilar escenarios en América, en 2026 pisan Europa con Whitechapel, Shadow Of Intent y Humanity’s Last Breath como compañeros de batalla —vale, line-up para volverse loco. Madrid y Barcelona tendrán que esperar (por ahora), pero ciudades como Zúrich, Lyon, París y Bruselas ya están en la hoja de ruta. Si quieres sentir el verdadero significado de “pared de sonido”, resérvate esos días o seguirás lamentándotelo en el pit hasta el siguiente apocalipsis.

¿No has visto todavía el clip de “Glenwood”? Corre, míralo aquí:

Deathcore y emociones a puñetazos: ¿tienes el valor de enfrentarte a tu propio “Glenwood”?

La grandeza de Lorna Shore —ahora sí que no hay discusión— es esa capacidad brutal de aporrear la puerta del alma a base de riffs, blast beats y confesiones crudas. “Glenwood” es terapia hecha breakdown, deathcore al servicio de los demonios familiares… y una invitación incómoda, sí, pero necesaria: ¿Realmente merece la pena quedarse encallado en viejos odios? Quizá la próxima vez que pongas el volumen a tope y te dejes llevar por estos huracanes sonoros… la rabia muerda menos. O te muerda mejor.

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