Will Ramos de Lorna Shore revela por qué In Flames es la banda que siempre ha soñado emular

¿Qué lleva a un vocalista de deathcore extremo a venerar a una banda de metal melódico sueco? ¿Es posible que el furioso aliento de Lorna Shore tenga raíces en la luminosa melancolía de In Flames? Prepárate para descubrir cómo una admiración adolescente puede acabar retorciendo la forma y el fondo de la música más brutal del presente.

Will Ramos, esa obsesión juvenil con In Flames que nunca murió

Cuando pensamos en Will Ramos, lo primero que nos viene a la cabeza son guturales imposibles, decibelios suficientes para romper ventanales y una energía digna de poseídos. Y aún así, el tipo confiesa que sus verdaderas raíces tienen más que ver con los paisajes sonoros etéreos de los viejos In Flames que con los riffs anabolizados que defiende en Lorna Shore. ¿Locura? ¿Herejía? Él mismo lo cuenta: épocas en las que la banda sueca era su banda sonora permanente, patinando entre el asfalto y la rabia, con un iPod Nano a punto de reventar de tanto repetir discos como «Clayman» o «Reroute to Remain».

¿Y su voz? Nada que ver con los sentimientos gélidos de Anders Fridén en la era dorada de los escandinavos. Para Will, el influjo de In Flames no se reduce a copiar caídas vocales, sino a capturar el aura, ese algo intangible que aúna luz y oscuridad, agresión y belleza. Hay quien piensa que el deathcore no sabe de matices ni emociones profundas. Bueno, Ramos se burla de esos clichés: “Quiero esa atmósfera suspendida, ese equilibrio casi irreal… lo que desprendían los viejos discos de In Flames”.

Hoy, con la bestia de Lorna Shore a sus pies, Will no tiene dudas: ha encontrado ese punto maldito entre la violencia y la catarsis. Gracias, Suecia.

Lorna Shore: entre el mazo y la caricia emocional

El último álbum, I Feel The Everblack Festering Within Me, arrasó en septiembre y dejó claro que la fórmula de Lorna Shore va mucho más allá del ataque frontal. Sí, aquí hay breakdowns que descuartizarían una catedral y blastbeats de antihéroe, pero la novedad estriba en la emoción descarnada, en las orquestaciones y en un toque introspectivo que huele directamente a influencia nórdica. El tema Glenwood, nacido de la propia historia familiar de Ramos, es una patada en el pecho tanto por fuerza como por vulnerabilidad. Un puñal cubierto de terciopelo, si se quiere.

Otros cortes clave del disco —Oblivion, Prison Of Flesh, Forevermore— se convierten en placas tectónicas llenas de angustia y grandilocuencia. Hay épica, sí, pero también sinceridad sin filtros y un dolor muy reconocible. El deathcore crece, muta, se suelta la correa.

El futuro: deathcore emotivo en los escenarios europeos

Atención fans: Lorna Shore no se guarda nada y prepara para febrero de 2026 una gira europea que promete terremotos en cada parada. Tendremos la oportunidad de dejarnos los pulmones en Zurich, Lyon, París y Bruselas. Y encima acompañados de leyendas del metal extremo como Whitechapel, Shadow Of Intent y Humanity’s Last Breath. Una gira para auténticos enfermos de los sonidos contundentes y la visceralidad.

La influencia, en palabras de Will Ramos

La fuerza emocional de Glenwood

In Flames y Lorna Shore: el fuego cruzado del metal contemporáneo

Al final, esto no va de parecerse ni de homenajes serviles. Es otra cosa, más abstracta y visceral: cómo una banda con guitarras cargadas de nostalgia y estribillos melódicos puede modelar la furia incontrolable de una generación entera. Will Ramos lo resume así: el peso de In Flames no es un mimetismo, sino una herida luminosa, una grieta dentro del pecho que hace vibrar cada nota y cada fraseo destructivo de Lorna Shore.
O lo entiendes… o estás muerto.

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