¿Treces años de espera para un disco? Solo un grupo puede generar semejante ansiedad: Karnivool. Los australianos, ese tótem del metal progresivo, acaban de anunciar algo que parecía más leyenda urbana que realidad: nueva gira europea en 2026, nuevo disco, nueva era… y, por si fuera poco, con Intervals en el equipaje. ¿Preparados para que vuelva a temblar la escena?
Karnivool: el retorno que Europa ya casi había perdido la fe de ver
En el universo del metal alternativo y progresivo, el tiempo se mide distinto. Trece años han pasado desde que “Asymmetry” nos volara la cabeza, trece inviernos y veranos en los que los fans soñaban con nuevo material como quien espera a Godot… pero ahora es oficial: Karnivool regresa con “In Verses”, su cuarto disco, programado para febrero de 2026. “Hemos estado demasiado tiempo fuera,” confiesan. Puede que sí. O puede que el tiempo, para ciertos artistas, no tenga sentido.
La gira In Verses será la excusa perfecta: desde abril a mayo de ese 2026, los escenarios europeos volverán a retumbar. Y sí, España y Latinoamérica, ojo que las fechas aún no están confirmadas por estos lares, pero muchas miradas ya apuntan con los dientes afilados al calendario. Mientras tanto, la ruta continental visita Lyon, París, Berlín, Londres, Milán, Copenhague, Oslo, Praga… un road trip de emociones que seguro pondrá al metal alternativo en boca de todos otra vez.
Unidos a Intervals: ¿demasiada técnica para una sola noche?
No van solos. Para este viaje a lo desconocido, Karnivool se rodea de una de las joyas del metal instrumental: Intervals. Los canadienses, con Aaron Marshall a la cabeza, llegan en su mejor punto, después de arrasar en los Juno Awards. Su último álbum “Memory Palace” todavía resuena por las playlists más exigentes, y Marshall se emociona: “Será un honor compartir tablas con los jefazos Karnivool… ¡y lo vamos a recordar!”.
Uno se imagina una noche de dedos volando por mástiles, melodías imposibles y cambios de ritmo endiablados. El tipo de fecha para la que los haters dirán que es “música para músicos”, pero los que saben sabrán: lo progresivo, cuando es auténtico, es una descarga que se siente en el tuétano.
Nueva era, mismas raíces: el desafío de “In Verses”
Con el 6 de febrero marcado en sangre, los más valientes ya pueden saborear un adelanto. El single “Aozora” —sí, así, evocando cielos azules japoneses— destila ese sabor karnivooliano: una súplica existencial bañada en psicodelia, una invitación a huir hacia dentro cuando la realidad asfixia como cemento fresco en los pulmones. Kenny y compañía han trabajado más de una década en este material, sudando frustración y catarsis a partes iguales. Hay altos, bajos, noches en vela y, finalmente, luz.
Lo han grabado ni más ni menos que con Forrester Savell, todo un pope de la ingeniería sónica, y la expectación es insólita. En los foros hierven las teorías, en las redes abundan los memes de “¿Por fin este año?”. Incluso los más cínicos ya se han rendido: será el disco más esperado del progresivo en más de una década.
¿Renacimiento o última llamada?
El contexto ha cambiado. El mundo es otro desde 2013, pero Karnivool parecen más cómodos en la piel de los outsiders. Nada de radiofórmulas ni himnos pegajosos. Aquí hay arte, riesgo y, sí, un poco de esa arrogancia artística que echamos de menos en la música de guitarras. Si esperas un “reboot”, es tu momento; si temes el “síndrome de Tool”, relájate, porque el caos extraño de Karnivool nunca fue moda, fue declaración de intenciones.
Estad atentos: las entradas echan humo
El aviso es sencillo: el 12 de noviembre, a las 10 de la mañana (hora peninsular), se abren las hostilidades en la web de Karnivool. ¿Quieres estar en primera fila viendo cómo la bestia despierta —y de paso, dejas a los indies preguntándose quién narices son estos genios? Pues ya sabes.
Se viene un 2026 con giros, intensidad y esas noches en las que la distorsión puede ser la caricia que te salve la semana. Karnivool vuelve. Podemos respirar, al fin.
¿Aún tienes dudas? Dale al play y súbelo hasta que tiemblen los cristales…
El futuro ya llegó, y sí, tiene nombre australiano y sabor a disonancia perfecta. Nos vemos al pie del escenario.




