¿Quién hubiera imaginado el rugido de la bestia sin el latido inconfundible de Nicko McBrain? El universo heavy acaba de sacudirse: Iron Maiden afronta una metamorfosis interna que podrá gustar, indignar o inspirar, pero desde luego no dejará a nadie indiferente. ¿Está la Doncella de Hierro preparada para sobrevivir a la pérdida de uno de sus tótems? Spoiler: el metal nunca muere, solo muta… aunque duela como un látigo en carne viva.
El adiós de una leyenda: Nicko baja los brazos… pero no el espíritu
Las cosas hay que decirlas sin tapujos: el golpe de la retirada de Nicko McBrain ha llegado como un mazazo, de esos que ni el mismísimo Eddie ve venir. El corazón y el alma tras los bombos y platos de Maiden dice basta tras un accidente cerebrovascular, ese enemigo traicionero que ni los dioses del metal pueden esquivar eternamente. El guitarrista Adrian Smith ha roto el silencio y no se anda con rodeos: “No será jamás igual, Nicko era único”. Una frase sencilla, honesta. Demoledora.
La banda ha intentado de todo para mantener a su titán en pie de guerra. Ensayos, apoyos, hasta rituales casi tribales para insuflarle fuerzas… pero la realidad es implacable. “Después del infarto cerebral, no pudo seguir el ritmo”, reconocía Smith, visiblemente tocado. Sin embargo, que nadie entierre a McBrain antes de tiempo: el tipo se dejó hasta la última gota de sudor en las giras más recientes, haciendo de cada baquetazo un himno al legado. Fuera del escenario, sigue siendo un faro, alentando a sus compañeros desde las sombras. Maiden, sin Nicko en el trono, pero nunca sin Nicko en el ADN.
El turno de Simon Dawson: competencia feroz, herencia explosiva
No hay reemplazos en Iron Maiden, solo relevos en una maratón donde el testigo quema. Simon Dawson es quien recoge las palmas ardiendo tras el derrumbe de Nicko. Si algún fanático temía un experimento fallido, que se tranquilice… o salga a rasgarse las vestiduras. El propio Bruce Dickinson lo expresa sin rodeos: “No intenta imitarle, pero mantiene el pulso. Eso es justo lo que necesitamos”. Es decir: el respeto al pasado pero mirada de francotirador hacia el futuro.
¿Intrusismo? Nada de eso. Dawson no es un advenedizo ni un becario del metal. Ya le vimos codeándose con Steve Harris en British Lion. Ahora, el bajista lo dice claro: “Teníamos las manos atadas… pero Nicko le dio su bendición”. No imagines traiciones ni dramas de culebrón: este traspaso es duro y emotivo, sí, pero absolutamente legítimo. Hasta el propio McBrain le lanzó un guiño en público: “No es como yo, y eso es perfecto. Tiene su propio demonio interior”.
Iron Maiden: medio siglo y ni rastro de retiro
Muchos pronosticaron el ocaso de Maiden hace ya décadas; otros, con cada susto de salud o cada rostro que se apaga en la foto de familia. Pero aquí están: lanzando la gira “Run For Your Lives” para 2026 y celebrando 50 años de historia —sí, medio siglo atizando estereotipos, desafiante, gigantonas y con esa elegancia malencarada del que sabe que ya ha vencido incluso antes de salir al escenario.
Por si el cambio de baterista no fuera suficiente marejada, la banda ha decidido repasar su travesía en un libro visual, Iron Maiden: Infinite Dreams – The Official Visual History. Un álbum de recuerdos tan gigantesco como sus riffs, cargado de olores a cerveza y backstage, fotos que huelen a cuero viejo y momentos congelados que pisan duro desde aquel primer concierto de pub en el extinto 1975 hasta la monstruosa maquinaria que hoy gira por estadios de todo el mundo.
El legado continúa… ¿y el futuro?
Maiden no es un grupo, es una nación de metaleros. Y ahora, esa nación ha tenido que aprender a ondear la bandera con otro tamborilero al frente. Pero, ¿acaso no es eso la esencia misma del rock pesado? Adaptarse. Tatuarse las cicatrices. Mirar atrás para rugir hacia adelante.
Parece imposible imaginar el estruendo de “The Trooper” o el galope mortal de “Run to the Hills” sin Nicko. Pero así como la bestia muta y sigue devorando escenarios, Maiden escribe —una vez más— la historia del heavy metal, a golpe de cambio, rebeldía y, por supuesto, con la cabeza bien alta, aunque cueste un infierno tragar la noticia.




