¿Hasta dónde puede arrastrarte el heavy metal cuando la vida te ofrece su giro más cruel? Nick Barker, batería mítico de la brutalidad —con historial en Dimmu Borgir, Cradle of Filth, Brujería o Testament— vive hoy bajo la sombra punzante de la insuficiencia renal terminal y la frialdad de una lista de trasplantes que no se mueve ni a cañonazos. ¿Qué se siente cuando la espera es literal: solo puedes avanzar si alguien muere antes que tú?
Nick Barker, la batería más bestia… frente a la realidad más devastadora
Lo de Nick Barker no es ninguna pose de black metal ni dramatismo gótico: desde enero de 2023 su vida se reduce a tres sesiones semanales de hemodiálisis, cada una de cuatro jodidas horas. El que ha reventado escenarios a doble bombo, el tipo que ha retumbado los cimientos del metal extremo casi cada noche de su vida, ahora está en punto muerto. Espera y punto. Y lo dice claro y sin metáforas baratas: “Solo me queda aguardar a que alguien fallezca para que me llamen y recupere las riendas de mi vida.”
La crudeza de la espera: una cuenta atrás infame
Nick está en Vancouver, apuntado en la lista de trasplantes. Ahí, cada paso burocrático es una gincana y él ya los ha superado todos… menos uno: tiene que perder entre diez y quince kilos para que siquiera consideren operarle. Mientras tanto, la batería más veloz del metal se sienta a ver pasar los días, contando calorías en vez de golpes de bombo. Un castigo casi irónico, ¿no?
De la velocidad y la oscuridad a la lucha silenciosa por sobrevivir
Nos pongamos como nos pongamos, el currículum de Barker habla por sí solo: ha grabado con Cradle of Filth, ha sido legendario en discos como Puritanical Euphoric Misanthropia de Dimmu Borgir (un álbum por el que hasta Charlie Benante, de Anthrax y Pantera, se quita el sombrero), y ha estampado su sello en bandas que se mueven entre los márgenes del death, grind y black metal. Si hay alguien que entiende lo que es el exceso, el ritmo y la energía, es él. Por eso mismo, la enfermedad lo ha desterrado al rincón más oscuro de sí mismo.
“Antes era habitual cruzar países casi sin hacer la maleta, hoy me veo atrapado en casa y ni siquiera sé cómo procesarlo”, confiesa. Seis meses tardó en aceptar que todo cambió radicalmente. Y de tocar la batería a desgañitarse, ha pasado a necesitar literalmente una excusa o alguien que le anime. Ojo al dato: “Solo tocar en solitario me aburre a los cinco minutos.”
Ídolo extremo y ejemplo de resiliencia: ¿queda espacio para el arte?
A sus 52 años, Barker ha provocado sudores y orgasmos sónicos en varias generaciones del metal. Ahora la brutalidad es otra: la de la vida real, la que no entiende de shows ni giras. Pero ojo, sigue siendo ese torbellino, solo que aguardando un segundo asalto. ¿Volverá al escenario tras el trasplante? ¿O la rueda del metal sigue girando, mientras uno de sus mejores pilotos pierde aceite en boxes?
Escúchalo en sus propias palabras (en inglés):
Reflexión final: cuando el metal ya no es solo música, sino supervivencia
Nick Barker no necesita compasión melosa ni homenajes póstumos antes de tiempo. Lo que necesita es ese trasplante, y mientras tanto, un poco más de ruido, aunque sea desde casa. Porque, seamos claros: hay leyendas que no están hechas para ver cómo gira el mundo desde el sofá mientras otros pisan el acelerador del metal extremo. Nick, con o sin riñón nuevo, ya ha demostrado ser indestructible en el escenario. La pregunta es: ¿le dejará la vida volver a demoledor rounds en la batería… o el silencio acabará ganando el último compás?




