Así afronta Tool su proceso creativo: Justin Chancellor revela por qué merece la pena esperar cada nuevo tema

¿Por qué Tool es la banda más lenta (y genial) del universo prog? Porque se la suda el reloj. Y ojo, que eso no es solo postureo: lo acaba de decir su bajista Justin Chancellor en una entrevista para The Australian. ¿El mensaje? Puede que la espera sea interminable, pero cuando Tool decide parir una canción, vale cada maldito segundo. ¿Quieres saber por qué avanzan a su propio ritmo, cómo sobreviven los fans hasta el próximo disco y qué demonios hacen entre bambalinas? Ponte cómodo y prepárate, porque esto no es una banda cualquiera. Esto es Tool. Y te lo vamos a contar con todos sus matices, rarezas y excentricidades.

Tool: alquimia, paciencia y ninguna prisa

Si algo hay que reconocerle a Tool es que no tienen miedo a desafiar a todo el ecosistema musical… y a los fans más impacientes. Después de años —y sí, lo digo en plural porque su último álbum tardó 13 añazos en llegar— siguen componiendo su magia a fuego lentísimo. Nada de calendario. Nada de presión exterior. Como si fueran una especie de druida sonoro que solo aparece cuando los astros se alinean. Chancellor lo explicó claro: «El arte no obedece relojes. Cuando lo fuerzas, termina apestando. Lo único que funciona es dejar que la música surja, incluso si pasan lustros de sequía». Una filosofía sencilla, pero que los mantiene en un pedestal único. Y vaya si les funciona.

Cocina lenta en el estudio… y en el escenario

Sí, están metidos en el estudio. Sí, hay ideas nuevas. Pero cuidado con soñar con un disco de Tool para este año o el siguiente. Chancellor contó que vuelan entre fases de inspiración, sesiones con Danny Carey (su brutal batería), y largos periodos de silencio. Una alquimia lenta, casi tántrica, que te mantiene en vilo. Solo una banda tan (malditamente) especial puede permitirse hacer esperar al mundo y, cuando deciden actuar, lo hacen dejando boquiabierto a todo el planeta.

¿Y los fans? Entre la devoción y la eterna frustración

La relación amor-odio de los fans con Tool es una novela por capítulos… largos, muy largos. Justo ahora siguen de gira por Oceanía y Japón, incluyendo un bombazo en Auckland donde soltaron “Prison Sex” y “Crawl Away”, temazos que no tocaban desde hace dos décadas. Sí, cuando Tool mueve ficha, lo hace para dejarte sin aliento.

Chancellor ni se inmuta ante el cachondeo de los fans que preguntan por qué todo va tan lento. Su respuesta: “Prefiero una canción perfecta cada lustro, que un disco mediocre cada año. Orgulloso de nuestro catálogo. El tiempo invertido merece la pena.” Y mientras, los integrantes aprovechan el vacío entre lanzamientos para nutrirse de otras locuras: Puscifer, LEG, proyectos de Danny Carey… Cada uno buscando gasolina creativa fuera de Tool, para luego volver cargados de ideas de otro planeta. ¿Método? Ninguno. ¿Resultados? Siempre sorprendentes.

El secreto: espacio, libertad y cero fórmulas mágicas

¿Por qué Tool sigue sonando como un puñetazo en la mesa cada vez que reaparece? Porque no hay reglas. Chancellor insiste: “Nos damos espacio. Nos alimentamos de lo que pasa fuera del grupo y, cuando volvemos, no hay nada predecible. Sin fórmula, solo seguir vivos y dejar que la música llame a la puerta”. Por eso, si buscas ciclos, regularidad o algo de lógica, olvídalo. Tool está en otra liga.

¿Disco a la vista? Solo los astros lo saben… pero la chispa sigue ahí

No hay anuncio oficial. Nadie suelta prenda sobre la fecha del próximo álbum. Pero otra vez se huelen los experimentos en el laboratorio. Chancellor y compañía están jugando con nuevas ideas, probando y descartando, igual que alquimistas modernos sedientos de un hallazgo. Y el runrún es real: quizá 2026 sea el año de otro renacimiento sónico. O quizá tengamos que esperar otro lustro. Y lo sabremos… cuando ellos quieran.

Conclusión: Tool es el arte de la espera (y de la excelencia)

No está hecho para todos los públicos. Hay que ser paciente, buscar matices, disfrutar cada rareza y aceptar que Tool nunca seguirá las reglas. Porque sí, podríamos tener 10 discos mediocres… o uno inolvidable cada década. Y si cada nota lleva consigo sangre, sudor y años de inspiración, la espera termina valiendo la pena. Eres libre de dejar de mirar el reloj y sumergirte en el misterio. Así es Tool. Un secreto a voces, bañado en misticismo y genialidad.

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