Así están cambiando los Periphery tras la salida de PV y sus planes para sorprenderte con algo distinto

¿Puede una banda de metal progresivo seguir sorprendiendo cuando parece haberlo hecho todo? Si hay un grupo que desafía cualquier expectativa —y se ríe en la cara del encasillamiento— ese es Periphery. Desde que su última descarga de riffs endemoniados y virguerías técnicas vio la luz, el quinteto estadounidense no ha hecho otra cosa que preparar una revolución interna. Ojo: su metamorfosis no es cualquier cuento de hadas musical, sino un proceso lleno de vértigo, desconfianza, crisis creativa y, sí, algo de orgullo desafiante. Así que, si pensabas que “Djent Is Not A Genre” era solo el eslogan de un disco… prepárate, porque la movida viene mucho más bestia.

El nuevo punto de inflexión para Periphery

En marzo de 2023, la criatura llamada Periphery V: Djent Is Not A Genre salió rugiendo del laboratorio de la banda. Sin presión de ningún sello (3DOT Recordings es su feudo privado), el grupo diseñó una experiencia que es tanto tributo como reinvención. Hay pasajes que evocan sus trabajos pasados y homenajes a la cultura de videojuegos, pero también sorpresas camaleónicas que te pillan con la guardia baja. ¿Sabías que el estribillo de “Wildfire” fue rescatado tal cual de una pieza perdida del mítico álbum “Juggernaut: Alpha”? Nada se tira, todo se transforma.

La producción, mano a mano con Nolly —el bajista mítico, ahora convertido en gurú de la mesa de mezclas—, supuso un puñetazo en la mesa. Sin trucos de afinación ni artificios vocales. Todo más orgánico, más directo, casi como una bofetada sonora: real, imperfecta, y por eso, jodidamente humana.

División, certezas y exorcismos musicales

Este disco no está hecho para caerte bien. Es áspero, como lija en los oídos (“Wildfire” y “Atropos” son sendas pruebas irrefutables). Periphery firma uno de esos trabajos que aman los fieles de toda la vida, pero no convencerá a los escépticos. Aquí no hay medias tintas. Spencer Sotelo fue claro: eliminaron la mayoría de ideas iniciales, solo sobrevivieron las que realmente hacían latir al grupo. Lo esencial y punto. ¿Valentía o locura? En el rock, a veces son la misma moneda.

Libertad creativa y bisturí independiente

Entre gira y gira, los miembros de Periphery han hecho de la independencia un estilo de vida. Lo dice sin tapujos Misha Mansoor, cerebro guitarrero: tocar metal progresivo no paga las facturas, así que… ¿por qué no hacerlo solo por amor al arte? Sin servidumbres. Sin cadena ni correa. La experimentación, incluso fuera del metal o el rock, es terreno abonado. “Nos da igual. Si nos mola, lo hacemos”, afirma Mark Holcomb, que recuerda con sorna la vez que probaron con un productor ajeno y el resultado fue tan catastrófico que las canciones ni siquiera vieron la luz. Si no lleva el sello Periphery, no sale del horno.

Un legado que empieza a notarse… aunque no quieran admitirlo

La ironía aquí es brutal: Periphery lleva años influyendo a toda una camada de bandas jóvenes, aunque el reconocimiento externo nunca fue su meta. Holcomb lo admite con una mezcla de resignación y orgullo: ya se oyen rastros de su sonido en decenas de nuevas propuestas, pero eso nunca fue lo prioritario. Juntarse, disfrutar, sacar temas solo para divertirse entre colegas. Ese es el motor. Un acto de rebeldía en tiempos de postureo y algoritmos.

Tours selectos, público fiel y más que una banda: una familia

La vida en la carretera ha cambiado: ya no hay giras maratonianas de ocho meses. Prefieren conciertos esculpidos a medida, únicos, intensos, casi milagros. Como aquella noche berlinesa donde Spencer Sotelo no pudo cantar y, en vez de cancelar, la banda regaló un set instrumental que dejó boquiabierto al público. En cada viaje, clubes y festivales se tiñen de caras conocidas. Gente que llevan viendo una década. Una amistad entre banda y seguidores que trasciende clichés. Lo del público francés, por ejemplo, es casi mitológico: “Diez años después, siguen ahí, pegados a la valla, coreando cada nota”.

¿Y ahora qué? Periphery ante el abismo de lo nuevo

No, no hay disco nuevo en el horizonte a corto plazo. Pero las aguas están agitadas: Jake Bowen, guitarrista explorador, ya dejó caer que la próxima fase será un salto al vacío estilístico. ¿Canciones que no suenen dentro del metal, ni siquiera del rock? Puede ser. Pero ojo, siempre y cuando sean ellos cinco en el estudio, eso seguirá oliendo a Periphery. Transformación, sí, pero sin perder el alma.

Mientras esto ocurre —y la marea de rumores crece—, Periphery ultima una gira norteamericana junto a Spiritbox. Conciertos convertidos en pequeñas odiseas para no desgastarse, solo lo indispensable. ¿Renovación, ocaso, revolución? El quinteto prefiere mantener a todos a la expectativa, lanzando mensajes crípticos y canciones imprevisibles hasta que llegue, por fin, el próximo golpe ofensivo.

¿El futuro? Un enigma con nombre propio

Periphery es esa bestia evolutiva que jamás acepta el estancamiento. ¿Quieren algo diferente? Sí, pero a su manera, aunque incomode, confunda o incluso cabree. Por eso, cada paso que dan parece destinado a sacudir los cimientos del metal progresivo. Y si no te gusta, mejor apartarse… porque se acerca una tormenta y, probablemente, nada vuelva a ser igual.

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