¿Quién dijo que el progresivo noruego tiene que quedarse encadenado al metal? Hace ya unos años, Leprous reventó sus propios moldes con “Pitfalls”, un disco que no solo les cambió el sonido… les cambió el alma. ¿Te atreves a entrar en la madriguera, sentir el vértigo y reconocer las heridas?
El giro inesperado: Leprous rompe su propio espejo
Octubre de 2019. En vez de la tormenta de riffs que muchos esperaban, Leprous toma uno de esos desvíos que separan a los valientes de los temerosos. “Pitfalls” es el sexto trabajo en la carrera de Einar Solberg y los suyos, pero parece el debut de un grupo distinto, un grupo que ya ha sobrevivido varios naufragios internos.
Grabado en Ghostward Studios y bajo la tutela de David Castillo en la producción (ojo al dato), el álbum deja atrás el habitual músculo del metal progresivo para sumergirse en paisajes mucho más etéreos: rock alternativo, arreglos sinfónicos, melodías a flor de piel.
A cargo del mix, Adam Noble (sí, el de Placebo y Nothing But Thieves) retuerce la sonoridad hasta dejarla nueva. Resultado: un Leprous reconocible, pero despojado. Y la sensación de estar oyendo la confesión de alguien en mitad de una crisis existencial.
Confesionario a cielo abierto: cuando la música sangra
Que nadie se engañe: este disco es el testimonio de la lucha de Einar Solberg contra la ansiedad y la depresión. Aquí no hay postureo, ni épica vigilada con calculadora progresiva. Canciones como “Observe The Train” son casi una radiografía emocional, una aceptación cruda de los propios demonios.
Y probablemente nunca escuchaste a Einar tan vulnerable como en “Alleviate” o esa joya retorcida y dolorosamente bella llamada “Distant Bells”. Voz al límite, respiración entrecortada. Vulnerabilidad hecha arte.
Pero aquí nadie va solo. Destaca la colaboración de músicos clásicos: violín, chelo, y un coro sacado directamente de la capital más pop del Este, Belgrado, que convierte “The Sky Is Red” en una pieza monumental—posiblemente el cierre más ambicioso de su discografía.
Una arquitectura musical que desafía a la gravedad
Nueve canciones directas, sin relleno, cortando la grasa para dejar solo hueso y nervio. La primera mitad del disco se desliza casi en puntillas, tensionando poco a poco la atmósfera hasta alcanzar una eclosión casi furiosa cuando aparecen temas como “Foreigner” y el ya citado “The Sky Is Red”, donde las emociones revientan los diques.
¿El secreto? Una producción exquisita, percusiones quirúrgicas de Baard Kolstad (precisión matemática y rabia contenida), guitarras entre el susurro y el rugido (Tor Oddmund Suhrke y Robin Ognedal repartiéndose el protagonismo), y una base de bajo que sostiene el conjunto como una columna vertebral de mármol y cicatrices (Simen Børven, te veo).
Pero es la versatilidad vocal de Einar la que te deja tocado. Salta de la fragilidad a la tempestad, mezcla registros con una naturalidad insoportable. No hace falta estructura progresiva ultracompleja para que la canción te parta en dos; a veces la sencillez mata más hondo.
¿Un disco de Einar Solberg… o la consagración de Leprous?
Sí, puede parecer que todo gira sobre las tripas del frontman—pero sería injusto ver “Pitfalls” como el disco de un solo hombre. Hay equilibrio, hay banda. Y, sobre todo, hay riesgo. Eso sí, también hay una honestidad brutal. Y eso se agradece en los tiempos del todo por la pose.
Incluso tras años desde su lanzamiento, “Pitfalls” se mantiene como un muro contra la conformidad, una obra que nació de la ruina personal y el impulso de renegar de lo previsible. A veces hay que partirse para renacer, y Leprous lo hizo. Decidme, ¿qué otra banda progresiva ha tenido narices para hacer lo mismo en la última década? Esperaré respuestas.




