¿Recuerdas la última vez que una banda de hardcore te voló la cabeza desempolvando temas que llevaban enterrados décadas? Si eres de los que piensan que Converge siempre mira solo hacia adelante, prepárate para tragar saliva: lo que sucedió en Boston fue mucho más que un simple setlist raro. Fue un golpe directo a la nostalgia y un desafío a las reglas del tiempo en el metalcore.
Converge: Domadores del pasado en su propio festival
13 de diciembre, el frío acecha Massachusetts y la ciudad de Boston vibra bajo el nombre de Saddest Day Fest. Converge, dueños absolutos de casa y de historia, convierten el Roadrunner en un túnel del tiempo. Da igual que su venidero disco, ese “Love Is Not Enough” con fecha lejana (febrero de 2026), sea lo que los radares marcan para el futuro inmediato. Esta noche es puro viaje al origen, a la entraña. Si estabas allí — o si solo viste el vídeo que ya circula online — sabes bien de qué hablo: canciones que no escuchábamos en directo desde hace veinte años retumban como si nunca hubiesen dejado de estar vivas.
El regreso de las criaturas olvidadas
Hay cosas que solo los locos del setlist pueden entender. ¿Towing Jehovah? La última vez que la tocaron, Facebook se acababa de inventar. Conduit? Dormía en el limbo desde 2008. Y sí, Lonewolves también resucitó. ¿Cuántos miles soñaron con volver a gritar ese estribillo en el foso? Pues allí sucedió, con la pureza de lo efímero y la violencia de una avalancha retroactiva.
Pero eso no fue todo. Rarities caían una tras otra, como si la memoria del grupo se hubiera reprogramado para este ritual único: My Unsaid Everything (silenciada más de diez años), Black Cloud (ausente desde 2019). Y cuando parecía que nada podía superar semejante baño de clásicos, aparecen los Full Of Hell en el escenario para un Axe To Fall desgarrador. En serio, los muros sudaron rabia y una especie de éxtasis crudo.
Volver a latir: Ben Koller renace tras el accidente
No es posible hablar de esta noche sin detenerse en la reaparición de Ben Koller. El batería, que venía de un accidente automovilístico reciente, volvió para levantar el brazo derecho del hardcore. Cada break, cada redoble, sonó como declaración de resistencia y amor feroz. La ovación fue más que merecida: era una celebración de que, en el universo Converge, caer y levantarse van siempre en el mismo compás.
El arsenal: una setlist para entendidos (y nostálgicos en vena)
- Love Is Not Enough
- Eagles Become Vultures
- Dark Horse
- Under Duress
- We Were Never the Same
- Locust Reign
- My Unsaid Everything
- Conduit
- Glacial Pace
- All We Love We Leave Behind
- Trespasses
- Towing Jehovah
- Heaven In Her Arms
- Axe To Fall (con Full Of Hell)
- Lonewolves
- Heartache
- Hellbound
- First Light
- Last Light
- Black Cloud
- Concubine
- The Broken Vow
- The Saddest Day (bis)
Lo que se viene: “Love Is Not Enough”, crudo y sin compasión
Pongámonos serios. Hay un disco al acecho y te va a sacudir los huesos. Grabado en su búnker sagrado —God City Studio, con Kurt Ballou (quién si no) y Zach Weeks a los mandos— el próximo álbum busca el filo, el error, la toma salvaje. Dice Jacob Bannon que la perfección está sobrevalorada: la verdadera magia vive en los deslices, en el caos subterráneo. Cada canción irá acompañada de una imagen única, obra del propio Bannon. Una criatura celestial observando el apocalipsis… ¿Qué esperabas, mariposas y arcoíris? Por favor.
Esto no es postureo. Son 35 años de historia en 2026 y, lejos de acomodarse, Converge plantea un álbum como montaña rusa, una carrera en plena aceleración, con el pasado como combustible y el presente a punto de estallar en pedazos.
Así fue Boston: víbralo en directo
Nadie dijo que el hardcore estuviese muerto. Solo que muchos no tienen el valor de mirar hacia atrás… y rugir más fuerte que nunca. Converge sí. Y nos lo restriegan en la cara. Así es como arde la leyenda, y así es como debería escribirse la historia.




