¿Se puede bailar sobre la cuerda floja mientras ardes por dentro? Puede que Dance Gavin Dance ya haya encontrado la respuesta con “Pantheon”, su undécimo álbum, tan incendiario como fuera de carretera. ¿Listo para sumergirte en el caos controlado de una banda que vuelve a buscar el riesgo, la gratitud y el ruido sin pedir permiso?
Pantheon: cuando el peligro es el nuevo normal
Hay discos que intentan seducirte. Otros, directamente, te agarran del cuello. “Pantheon” pertenece con orgullo al segundo grupo: trece pistas donde el post-hardcore se arremolina, suda y se reinventa en cada compás. Estrenado a través de Rise Records, este álbum es la declaración más cruda y osada de Dance Gavin Dance en años, como el aullido de un animal herido que se sigue negando a morir.
¿Momentos más mainstream? Olvídalo. Aquí no hay laca pop ni barniz para disimular la madera desgastada del grupo. “Pantheon” es sangre, sudor y ideas rotas reconstruidas una y otra vez. Han decidido volver a la trinchera y dejar que el caos les guíe.
Rumos peligrosos y viejas cicatrices
Jon Mess, ese gritón cósmico, lo deja claro: el disco es un laboratorio en plena tormenta eléctrica, recordando épocas de transición como “Death Star” o “Acceptance Speech”. El resultado: letras que se atreven a retorcer reglas, vaivenes estilísticos y una voz interior gritando “más, más, más riesgo”. Para el fan, es comida reconfortante con chile extra. Para el despistado, un uppercut a la mandíbula melódica.
La catarsis según Dance Gavin Dance: caos, tensión y agradecimiento
La formación —con Andrew Wells ya como doble amenaza a las voces y guitarras, Jon Mess en modo berserker, Will Swan apuñalando acordes y Matthew Mingus pegando como si le debieras dinero— no reniega ni un gramo de su esencia experimental. La consigna está clara: renunciar a finales facilones y construir tensión sin anestesia.
Como confiesa Wells, este disco es su propio ritual para exorcizar fantasmas, vivir el humor absurdo mientras se asoman a los abismos del presente. “Pantheon” es una oda al enigma de persistir: sudar, fracasar, celebrar el desastre y, aun así, sentirse agradecido por la oportunidad de quemarlo todo… con la gente adecuada. Eso es arte. O masoquismo. O ambos.
¿Y el nuevo videoclip? Oscuridad de faro, surrealismo y locura
La lección visual viene con «The Stickler», una pieza dirigida por Sam Link que coquetea con el surrealismo y deja la sensación de haber espiado entre la neblina un faro embrujado. ¿Has visto “The Lighthouse”? Imagina una rave allí, a medianoche. Un vídeo que no elude lo siniestro ni lo absurdo: puro Dance Gavin Dance reinventando el videoclip como campo de batalla psicológico.
Tracklist: cuando la normalidad es el surrealismo
- Animal Surgery
- Midnight at McGuffy’s
- The Robot With Human Hair: Rebirth
- The Conqueror Worm
- Trap Door
- Strawberry’s Daughters
- Space Cow Initiation Ritual (feat. George Clinton)
- All the Way Down
- A Shoulder to Cry On
- The Peak of Superstition
- The Stickler
- Yikes!
- Descent to Chaos
¿Resumen para despistados? Nada de lo que sabías es seguro
Si alguien pensaba que Dance Gavin Dance iba a acomodarse tras los bandazos de los últimos años, se equivocaba de banda. “Pantheon” no es solo un disco; es una patada en la espinilla al conformismo. Aquí se viene a perderse. Se viene a desafiar la idea misma de lo que significa progresar en el rock alternativo, el post-hardcore y el progressive. No es un álbum fácil. Ni falta que hace.
En tiempos de música domesticada y playlists prefabricadas, “Pantheon” es ese caos exquisito que te recuerda por qué demonios empezaste a escuchar esto. Y si no lo entiendes, tampoco pasa nada. No todo en esta vida está hecho para ti.




