¿De verdad crees que System Of A Down es solo política y denuncia social? Pues te estás perdiendo la mitad del show. Hoy toca romper mitos, sacudir prejuicios y reconocer que sí, entre el caos, la furia y la crítica, también hay muchas risas, ironía y locura controlada. Daron Malakian se ha hartado de ser encasillado. Y lo dice alto y claro: SOAD no es un panfleto con guitarrazos, es un cañón de emociones… ¡y vaya si hay lugar para el humor!
Más allá de la rabia: humor, sátira y descontrol
Pocos grupos han visto cómo su obra se reduce a un único cliché como System Of A Down. Lo ves en foros y redes: “SOAD, esos tíos que siempre andan soltando discursos antisistema o defendiendo causas olvidadas”. Sí, claro, su valentía política no se discute. Pero ¿las carcajadas nerviosas? ¿La provocación absurda? De eso ni hablamos nunca. Y, ojo, que para Malakian esto es casi un crimen cultural. La etiqueta de ‘banda política’ pesa demasiado. Pesa tanto que suele ahogar la otra mitad de su legado: la del cachondeo negro, los giros inesperados, esa sensación de estar en una montaña rusa sin cinturón.
¿Quién dijo que SOAD eran cuatro clones ideológicos?
Hay algo que escuece especialmente a Daron: esa manía de pensar que todos en el grupo son una especie de ejército monocromático, con Serj Tankian como general ideológico y los demás secuaces. Pero esto va de contrastes, de tiras y aflojas, de divergencias. En cualquier disco – en cualquier show – chocan opiniones, egos y estilos. Cuando uno grita contra el mundo, otro prefiere un golpe de sarcasmo o una frase tan absurda que roza lo surrealista. Y eso no es debilidad, eso es pura riqueza creativa.
Cigarros, burradas y la magia de lo espontáneo
¿Acaso nunca te preguntaste cómo demonios nació un tema como “Cigaro”? La respuesta de Malakian es casi punk en su anarquía: ni estrategia, ni mensaje oculto. Un riff, una coña, y de pronto surge la frase más burra del disco. “Mi polla es más grande que la tuya”, y se quedó tan ancho. No busca provocar, ni reivindicar; simplemente, fluye. ¿Ridículo? Seguramente. ¿Honesto? Más imposible. Este es el tipo de rock que no teme a la contradicción ni al desmadre.
La vida es una licuadora de emociones. Tragedia, fiesta, dolor, chistes internos, nostalgia. Si todo fuese consigna y puño en alto, System Of A Down acabaría siendo un telediario de madrugada… ¡y vaya ladrillo! No, esto va de retratar (y reírse de) la locura humana en toda su amplitud.
Scars On Broadway: el experimento de las mil caras
Si tienes dudas de hasta dónde llega el eclecticismo y la libertad creativa de Malakian, echa un oído a Scars On Broadway. Su otro proyecto, una especie de patio de recreo donde no hay censuras ni compromiso forzados, es una mini enciclopedia de emociones. Riffs que mastican rabia, pero también melodías que parecen memes con distorsión. Y lo mejor: la sensación de que cada canción es fruto del puro instinto, sin reglas ni etiquetas.
Homenajes, giras y vuelta a la carga
No todo son debates internos ni reivindicaciones. El verano también le ha dado a SOAD la ocasión de rendir tributo al mismísimo Ozzy Osbourne. Con la vieja escuela ahí, presente, arrancaron una gira breve pero intensa — torbellino de nostalgia, pogos y mucho sudor. Rematando en Toronto, con Deftones y Polyphia como teloneros de lujo, los que pagaron la entrada salieron con la cabeza girando… y la barriga dolorida, de tanto saltar y reír.
El futuro: menos etiquetas, más libertad
¿Y el futuro? Malakian acaba de sacar disco nuevo con Scars On Broadway, Addicted To The Violence, y proclama que volver a empezar después de siete años le ha devuelto el hambre. Cada vez más lejos del encasillamiento, más fiel a su instinto. ¿Qué pasará con SOAD? La pregunta flota en el aire como un riff sin final. Pero, si algo queda claro, es esto: quedarse solo con el cartel de grupo político es perderse lo mejor de la película. Y, honestamente, menuda ceguera.
¿Te atreves a ver a System Of A Down de otra manera?
Rompe el molde, saca la cabeza del cubo y date cuenta: el metal también es chiste malo, es ironía y caos delirante, es vivir a ritmo acelerado sin pedir perdón. Porque, en el fondo, ¿quién quiere escuchar siempre lo mismo? Dale otra escucha a tu disco favorito de SOAD y dime si no te has perdido los guiños y las collejas ocultas. Eso, o sigue encorsetado. Pero no digas que no te avisamos.




