El exmánager de Black Sabbath responde a Sharon y defiende su proyecto de álbum póstumo

¿Quién tiene derecho a desempolvar los fantasmas de Black Sabbath? La última batalla de la familia Osbourne no huele a incienso ni a cuero viejo: aquí hay fuego cruzado, egos y –cómo no– la memoria ardiente del gran Ozzy. Porque, ¿qué vale más: la historia del metal… o los intereses (ni tan) ocultos tras cada cinta perdida?

El choque de trenes: Sharon Osbourne vs. el viejo manager

Hay líos que sólo los verdaderos titanes pueden protagonizar. Jim Simpson –primer manager de Black Sabbath, aquel que los vio crecer cuando aún se llamaban Earth– ha decidido remover el polvo y sacar a la luz unas grabaciones perdidas de 1969. Un proyecto que, de primeras, prometía ser oro puro para fetichistas del heavy… pero que terminó desatando la ira helada de Sharon Osbourne. Ella no perdona ni olvida. Menos si siente que hurgan en el legado y los bolsillos de la familia.

Así que, en el podcast familiar de los Osbourne –auténtico confesionario de sangre y rock–, Sharon desenfundó desde el primer segundo. Acusaciones directas: “Quiere publicar un disco sin permiso. No pagó el estudio. Y nunca ha mencionado pagar royalties a los músicos.” Directa, mordaz, sin anestesia. Simpson, por su parte, no tardó en devolver la pelota: “Poco sabe ella lo que tenía en el banco aquel año –Locomotive ya era un éxito–. Las regalías siempre estuvieron sobre la mesa y la caridad, también.”

¿Quién manda sobre el pasado?

El debate se pone jugoso. Simpson jura y perjura que el proyecto, titulado Earth: The Legendary Lost Tapes, es una especie de cápsula del tiempo, un vestigio de cuando Ozzy, Tony, Geezer y Bill eran chavales hambrientos de gloria y distorsión. Un regalo para los fans –sí, y también un posible revulsivo económico justo ahora que la nostalgia de Black Sabbath cotiza al alza. El drama legal se enciende: Sharon amenaza con juicios y él responde ofreciéndole “tomar un café para hablarlo”. British style, pero con mucho veneno.

Caridad, derechos y el eterno juego del “y tú más”

La cosa no termina en el “quítame esas pajas” de la propiedad. Sharon apunta a la moralidad del exmanager: le acusa de fingir intenciones benéficas (“dice que donará lo que no sea de la banda, pero miente”). Simpson tira de emails y cartas de la asociación St Basils para justificar que el dinero acabaría en manos de jóvenes sin hogar… en caso de que los Sabbath renuncien a su parte. Batalla de papeles, batalla de versiones. Y, por supuesto, batalla de egos. Que aquí nadie echa el freno.

¿Homenaje o simple carroñeo?

Todo sucede, no lo olvidemos, meses después de la muerte de Ozzy Osbourne. Ozzy, el Príncipe de las Tinieblas, se fue en julio de 2025, después de decir adiós por todo lo alto en Birmingham. Las heridas están abiertas. También el negocio post-mortem de los discos “perdidos”, que siempre tienen tanto de homenaje sincero… como de marketing puro y duro. La familia Osbourne, arropada por los fans (y el hype mundial), ha dejado claro el dolor por la despedida. Pero, ¿quién puede resistirse a rascar hasta el último diamante inédito del baúl de Black Sabbath?

¿Testigo del origen… o simple trofeo para coleccionistas?

Lo que es evidente es que esos antiguos Earth dejaron algo más que polvo magnetizado: capturaron la chispa de lo que luego sería el gigante Black Sabbath. Simpson lo defiende como si fuera oro de ley. Sharon lo niega como si fuera veneno. Y mientras tanto, la pregunta flota como un riff desbordado de eco: ¿verán la luz esas legendarias Lost Tapes? O quedarán sumidas en el letargo legal, añadiendo un capítulo oscuro más al libro, ya de por sí salvaje, del heavy metal británico.

Porque en el fondo, ya lo sabéis, el rock no muere. Solo se reinventa. A veces en los escenarios. A veces en los tribunales.

Bonus track: El podcast de la familia Osbourne

¿Se respeta el legado… o sólo se pelea por la última libra?

¿Tú qué opinas? ¿Deben publicarse estos restos arqueológicos del metal, aun a costa de enardecer disputas familiares y legales? ¿O sería mejor mantener el misterio, dejar que los fantasmas del pasado descansen y que el peso de Black Sabbath siga creciendo entre sombras?

Al final, el rock es rebelión, pero también memoria. Y, a veces, una explosión de dinero envuelta en nostalgia y feedback.

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