Fallece Mick Abrahams, el primer guitarrista de Jethro Tull, a los 82 años

¿Puede una guitarra cambiar el rumbo de una banda para siempre? A veces una sola decisión, una nota tocada desde las entrañas del blues, marca el inicio de una leyenda. Mick Abrahams, el primer guitarrista de Jethro Tull, acaba de encender por última vez su amplificador: nos deja a los 82 años. Pero su sombra sigue colándose por cada grieta de la historia del rock progresivo y del hard británico. Sabemos que el legado, cuando es auténtico, no necesita de fuegos artificiales: basta que alguien cuente la verdadera historia. Así que vamos a ello.

Un bluesman en el origen: Mick Abrahams y el nacimiento de Jethro Tull

Imagínate la escena: Inglaterra, 1967, pubs llenos de humo y el eco de la revolución musical flotando en el aire. Mick Abrahams emerge como un guitarrista con un pie en el pantano del blues y otro en el misterio curvilíneo del jazz. Llega a The John Evan Band – que acabaría mutando en Jethro Tull – y todo explota. Es con “This Was” (1968), primer álbum de la banda, cuando las cosas toman un color diferente: el rock progresivo aún no tenía nombre, pero la guitarra de Abrahams ponía las semillas. No era solo técnica; era actitud. Rasgueos rebeldes, pasajes desgarradores. El rugido vintage de un Marshall y, sobre todo, instinto puro.

El choque de egos: ruptura a lo grande y la maldición de los genios

Pero el rock no sería rock si no sangrara un poco bajo la superficie. Abrahams y Anderson: una lucha de voluntades. Mal rollo, egos hinchados y una visión del grupo que chocaba como dos trenes antiguos a toda velocidad. Tal vez hoy sería trending topic. El propio Abrahams lo dijo sin pelos en la lengua: Anderson quería tener la última palabra, dar la nota siempre, y Mick no tenía intención de quedarse relegado al fondo del escenario. Así que se largó. A lo grande. Sin mirar atrás ni pedir perdón. Lo que pudo ser… ya nunca fue igual.

Blodwyn Pig y la libertad absoluta: cuando el blues es más que una pose

¿Retiro? ¿Segunda fila? Nada de eso. Abrahams funda Blodwyn Pig y sigue explorando parajes propios, llevando el blues psicodélico y grasas guitarreras a festivales y salas de mala muerte con idéntica entrega. Dos discos que son joyas cultas, puentes entre la raíz y la vanguardia. Y, obstinado como un sabueso, tira en solitario con discos como Revived (2015), incluso cuando la salud le ponía zancadillas. Porque hay músicos y hay artistas: Mick era de los que queman zapatillas, cueste lo que cueste.

Un adiós sin lamentos, solo respeto: el último acorde de una vida

Martin Barre, el hombre que ocupó su puesto en Jethro Tull, lo despidió sin palabras vacías: “Un músico excepcional, nos dio mucho”. Y ya. Porque los homenajes auténticos apenas necesitan retórica. En cada riff, en cada banda secundaria que intentó ser grande y no lo logró, hay algo de lo que inventó Mick. De pie, a contracorriente y con la guitarra colgando del alma.

El eco del pasado, el rugido del presente

Hay nombres que tal vez no llenan estadios ni camisetas, pero que hicieron temblar los cimientos del rock que nos levanta día a día. Abrahams fue uno de los auténticos: testarudo, imprevisible y fiel a la melodía sucia del blues. Si alguna vez pensaste que el rock británico era monocromático, dale otra escucha a los primeros Tull, a Blodwyn Pig, y entenderás que las cosas, en realidad, nunca son tan simples como parecen.

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