La opinión de Lemmy sobre Dios que no deja a nadie indiferente

¿Qué haría Dios si Lemmy le deja sin trabajo? El líder absoluto de Motörhead jamás tuvo miedo de escupir su verdad a la cara del mundo, y esta vez, le ha caído hasta al mismísimo creador. Preparaos, porque lo que viene no es apto para beatos ni devotos… ni para pusilánimes. Así sonaba Lemmy: directo, sarcástico y tan ácido como un whisky con media barra de limón. ¿Religión? ¿Dios? Para Lemmy son cuentos oxidados y, como el buen rock, aquí nadie se calla ni media.

¿Dios está de baja médica? Lemmy ajusta cuentas en los altares

Cuando Lemmy Kilmister hablaba sobre religión, no era para regalar palmaditas ni soltar tópicos de rockero rebelde. No, lo suyo era dinamita: “La religión es la cuna de casi todos los dolores de la humanidad, desde que encontramos la primera piedra celestial a la que adorar”. Así, tal cual, sin anestesia. Y no solo arremetía contra curas o rezos. Para él, cualquier ideología que colocase a un líder en el trono de lo sagrado –da igual que Hilter, Stalin, o la reina Victoria– entraba en la misma trituradora: totalitarismos y dogmatismos, todo el paquete, le parecían religión con disfraz.

Entonces se disparaba la pregunta trascendental: “Si Dios existe, alguien debería pedirle la hoja de retiro porque, viendo cómo está el patio… No lo está haciendo muy bien”. Ni un rastro de fe ciega ni misterios embotellados: si hay un Dios, va justo de lucidez o, en palabras de Lemmy, quizá lleva tiempo jubilado y jugando al mus con los fantasmas. Su punto de vista, innegociable: la inocencia no existe, y si uno se traga el cuento de vírgenes y palomas, igual merece acabar durmiendo en un pesebre… Eso lo decía Lemmy, nadie más.

Convertido en reverendo a su pesar: Lemmy, el anticristo que oficiaba bodas

No deja de ser irónico que el más impío de la sala –el mismo que odiaba como la peste toda institución religiosa– acabara recibiendo el título de reverendo. ¿Por vocación? Para nada. Todo empezó con un fan militar empeñado en casarse bajo el bigote de Kilmister. Click aquí, click allá y, sin quererlo, Lemmy era ordenado por una iglesia online. Reverendo Lemmy Kilmister, sí señor. Y habló claro: no quería ni túnicas ni sermones; sólo quería ser fiel a sí mismo y a su jarra en el Rainbow Bar.

La anécdota resume todo lo que fue Lemmy: indomable, irreverente hasta la médula y, sobre todo, dueño de sus propias reglas. Las instituciones le aburrían y las creencias impuestas le daban urticaria. Si le llaman predicador, que sea del rock. Todo lo demás, humo y espejismos.

Lemmy eterno: el culto que no entiende de tumbas

En pleno 2025, decenas de homenajes a Lemmy y Motörhead incendian la mecha del recuerdo. Se cumplen 50 años desde que la banda empezó a destrozar escenarios y arrasar tímpanos, y Stoke-on-Trent –la ciudad natal de Lemmy– ya tiene su propia estatua del icono absoluto. Motörhead sigue rugiendo. El mito está más vivo que nunca, aunque el mismísimo Lemmy se parta de risa desde donde sea que deambule.

En tiempos de revisionismo, de estampitas y resurrecciones de cartón piedra, Lemmy ha dejado claro –una vez más– que el trono de Dios le queda grande a cualquiera… salvo, quizás, a él mismo. Entre el estruendo de los riffs y la carcajada de los herejes, su voz nunca va a enmudecer. No mientras la verdad arda como gasolina en los altavoces.

Bonus Track: Lemmy & The Damned destrozan la quietud

  • Motörhead cumple 50 años: reediciones, vinilos, estatuas, y un vendaval de nostalgia inquieta.
  • Lemmy, icono sin concesiones: su figura crece y crece, imposible de meter en urna o ataúd.
  • ¿Dios? Que espere su turno. El verdadero profeta sigue siendo Lemmy, predicando con distorsión y humo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio