Lemmy revela sus impresiones sobre el primer disco en solitario de Ozzy: un duelo de leyendas del rock

Imaginemos un encuentro de titanes, donde dos gigantes del rock, Ozzy Osbourne y Lemmy Kilmister, cruzan caminos en un cruce de elogios y humor ácido. Hablamos de «Blizzard of Ozz», el primer álbum en solitario de nuestro querido príncipe de las tinieblas, una obra que capturó incluso la admiración del siempre implacable Lemmy.

El veredicto de Lemmy sobre «Blizzard of Ozz»

En 2011, con motivo de los re-lanzamientos de los celebrados «Blizzard of Ozz» y «Diary of a Madman», Lemmy Kilmister, el rasposo líder de Motörhead, dio su veredicto sobre el debut solitario de Ozzy. Aunque el fragmento fue eliminado del montaje final, más tarde se publicó en YouTube, capturando la esencia genuina y brutalmente honesta de Lemmy. Sorprendentemente, Lemmy confiesa que no era fan acérrimo de Black Sabbath, pero considera «Blizzard of Ozz» como un disco fenomenal. Y no paró ahí; rememoró la gira norteamericana de 1981, cuando Motörhead abrió para Ozzy: «Veíamos al menos la mitad del álbum cada noche. Fue un espectáculo maravilloso, una gira inolvidable».

Una reverencia a Randy Rhoads

En este diálogo de leyendas, Lemmy se detuvo a recordar a Randy Rhoads, el brillante guitarrista de Ozzy, a quien el destino se llevó en 1982. «Randy era un genio, un tipo que no se amedrentaba y tocaba como pocos. Se lanzaba a lo desconocido, y eso siempre me fascinó», rememoró Lemmy. Además, compartió anécdotas de sus ratos libres juntos, bromeando: «Nunca supo jugar Asteroids. Lo derroté de una costa a la otra».

Colaboraciones legendarias y homenajes duraderos

El destino los unió de nuevo cuando Lemmy colaboró en la composición de varias canciones para el álbum icono «No More Tears» en 1991. Desde entonces, ambos titanes han sido honrados de diversas maneras: en mayo pasado, una estatua de Lemmy se erigió en Stoke-on-Trent, su ciudad natal, recordándonos su legado inmortal. Por su parte, Ozzy ha encontrado su refugio final en su propiedad, reposando bajo un árbol, como fue su último deseo.

Estos momentos y recuerdos nos demuestran que detrás de cada riff fulminante hay historias y conexiones humanas que, al fin y al cabo, son las que realmente perduran. ¡Larga vida a Lemmy y Ozzy, eternos reyes del rock!

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