¿Sabías que Mark Osegueda, vocalista de Death Angel, estuvo a punto de convertirse en cantante de Anthrax en 1992? Más de tres décadas después, la historia sigue levantando ampollas entre los más puristas del thrash. Demasiado metal para Anthrax, dijeron. Pero ¿qué habría pasado si la historia hubiera sido otra?
El día que Osegueda tuvo Anthrax a tiro… y lo dejaron escapar
Corre el año 1992, las camisas de cuadros están a punto de hacer arder Seattle, y Anthrax se encuentra en plena búsqueda de un nuevo frontman tras la salida de Joey Belladonna. Por aquellas fechas, Mark Osegueda acababa de dejar Death Angel y estaba volviendo a poner su vida patas arriba en Nueva York. ¿Destino, karma o simple casualidad? El caso es que recibió la llamada. No una llamada cualquiera: Anthrax quería oírle rugir.
Osegueda fue uno de los elegidos para una audición privada, esas con olor a sudor, cerveza caliente y nervios de acero. Fue en Burbank, entre jams crujientes y miradas cómplices. Allí, según cuenta el propio Mark con el desenfado que le caracteriza, el duelo final se jugó entre él y John Bush (Armored Saint). Pero el desenlace fue claro: “Tomaron la decisión correcta”. Palabra de Osegueda.
“Demasiado metal para Anthrax” y otras verdades incómodas
El asunto no se queda ahí. Scott Ian, en su biografía, puso la puntilla: sí, Mark tenía buena voz, pero sonaba “demasiado metal” para el rollo de Anthrax de entonces. Ironía del destino. En un mundillo donde presumir de ser “suficientemente metal” es casi un título nobiliario, a Osegueda se lo soltaron como si fuera un pecado capital.
Nada de dramas. Mark se lo toma a guasa, confiesa que ha firmado la página del libro de Scott Ian más veces de las que puede recordar, y que para él –ser “muy metal”– es un halago con esteroides.
Amigos, proyectos y el futuro: Osegueda atraviesa su mejor momento
Lejos de lamentarse, el cantante ha dejado claro que nunca cortó lazos ni con Anthrax ni con Armored Saint. El thrash, ojo, no siempre fue un terreno fértil en los 90. Igual no era su momento. ¿Resentimientos? Cero. De hecho, ahora está arrasando junto a Kerry King y sus proyectos paralelos, mientras Death Angel sigue en la brecha lanzando nuevo material. El último cañonazo Wrath (Bring Fire) marcó el regreso tras seis años sin novedades. Y están a punto de homenajear su gigantesco Act III en una gira yanqui, mientras ultiman disco nuevo en el estudio.
Por si fuera poco, su álbum Humanicide estuvo nominado al Grammy en 2019 –pero siguen siendo tan de culto como incomprendidos–. Basta recordar lo que dice su batería Will Carroll: Death Angel merecería, de una vez, el reconocimiento planetario que otros se han llevado sin sudar tanto.
¿Qué queda de todo esto?
Osegueda está viviendo una segunda juventud: Death Angel no frena, Kerry King le arropa, y sigue luciendo esa etiqueta de “demasiado metal” con una sonrisa de oreja a oreja. El futuro, para Mark, huele a riffs incandescentes y noches reventadas de adrenalina.




