Max Cavalera desvela la inspiración y el mensaje detrás de Chama, el nuevo temazo de Soulfly

¿Puede un grito tribal y metálico resucitar las raíces de una banda tras trece discos? Max Cavalera dice que sí. “Sin dolor, no hay poder”: así nace la furia primitiva y la renovada inspiración de Soulfly en su nuevo asalto, Chama. Prepárate para un regreso al origen, donde la brutalidad brasileña baila con riffs modernos y la sangre hierve en cada compás. Vamos a desmenuzarlo.

“Chama”: cuando el metal vuelve a la selva

Max Cavalera, ese chamán del metal mundial, no sabe lo que es claudicar. Trece discos, sí, pero también trece maneras de recordar que en el universo del groove, la inspiración puede ser un animal caprichoso. Si pensabas que Soulfly se había domesticado, espera a escuchar el grito de guerra con el que abren Chama. No hay respiro. La energía echa chispas: aquí huele a sudor, a tierra mojada, a octágono y a ritual nocturno en plena Amazonía.

¿Y de dónde viene esa chispa? Sencillo, de un instante brutal: ver al coloso Alex Pereira entrando al octágono con Itsári de Sepultura sonando como si la batalla estuviera a punto de estallar. Eso es lo que tocó el alma del viejo Max. Lo confiesa sin filtros: “Quiero un álbum capaz de celebrar esa electricidad, ese impulso primitivo que me volvió a sacudir”.

Inspiración en tiempos de cansancio: ¿una utopía?

No lo vamos a negar: después de tantos años, encontrar algo que motive tiene su mérito. Max lo reconoce, pero desafía a quien quiera escucharle: la energía vuelve, el instinto se enciende y el rugido de Soulfly es más real que nunca. “Quiero demostrar que todavía puedo romper cabezas”, suelta entre risas. Si eso no es actitud, que baje Lemmy y lo vea.

Tribal, metálico… y muy actual

Chama no es un disco cualquiera. Es casi un acto de rebelión frente a los que señalaban a Soulfly como una fórmula gastada. Max y sus secuaces —Zyon Cavalera (batería), Igor Amadeus (bajo) y Mike De Leon (guitarra)— han decidido juntar los tambores olvidados con la rabia moderna. Atrás quedaron los experimentos vacíos: aquí hay groove, hay tribalismo salvaje, hay atmósfera y hay pulso actual.

La producción —a cargo de Zyon y Arthur Rizk— arranca como un puñetazo en la boca del estómago. Especial atención a ese No Pain = No Power, toda una declaración en clave metal: el dolor no solo es inevitable, es la fuente de toda grandeza. Si no te cuesta, nunca entenderás el verdadero poder. Así de simple, así de cruel, así de honesto.

Invitados, hermandad y espíritu guerrero

En medio de esa tormenta sónica, aparece el gigante Dino Cazares (Fear Factory) para aportar musculo extra, como si hiciera falta. La química familiar también está a tope: Max, Zyon e Igor, una mezcla sanguínea que explota en directo y en estudio.

Pero ojo, que lo más bestia es Storm The Gates. Este primer single, lanzado como una descarga eléctrica en pleno agosto, es puro “levantamiento de trincheras”: gritos, martillazos, y una proclama contra los titanes del control y la codicia. ¿Antisistema? Por supuesto. ¿Radical? También. Pero sobre todo, sincero y sin postureo.

El ritual que viene: conoce el tracklist

  • Indigenous Inquisition
  • Storm The Gates
  • Nihilist
  • No Pain = No Power
  • Ghenna
  • Black Hole Scum
  • Favela / Dystopia
  • Always Was, Always Will Be…
  • Soulfly XIII
  • Chama

¿Tiene sentido el metal tribal en 2025?

Frente a las modas fugaces y la avalancha de clones digitales, Soulfly reafirma lo que siempre fue su ADN: visceralidad, espíritu colectivo y una pulsión primitiva imposible de plastificar. El metal aquí es barro y sangre bajo las uñas, no postureo de Instagram.

Así que, si estás harto de la tibieza en la escena, si buscas un disco donde cada canción es un desafío y un rito personal, Chama es tu llamada. Puede que no te haga millonario en streams, pero sí te pondrá cara a cara con tu propio yo salvaje. Y eso… eso no tiene precio.

Prepárate. Soulfly revive el grito. El metal, una vez más, sabe a selva.

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