¿Te imaginas tener una docena de canciones explosivas guardadas en el disco duro, listas para arrasar en festivales y romper todos los esquemas, pero tener que dejarlas en standby porque la vida se cruza y te cambia la perspectiva para siempre? Eso mismo le pasa a Oli Sykes y su monstruo llamado Bring Me The Horizon. Doce temazos en la recámara. Cero interés en el reloj. La paternidad manda, pero la bestia no está dormida.
Doce canciones cocinándose a fuego lento: el futuro sonoro de BMTH
Oli Sykes ha soltado bomba: el grupo tiene, ni más ni menos, que doce nuevas composiciones esperando su momento bajo el sol. Temas paridos en las frenéticas sesiones de su último disco Post Human: NeX GEn. ¿El plan original? Tomar por asalto el verano, exprimir la expectación, y soltar singles antes de que los festivales más bestias —Rock Am Ring, Reading, Leeds— entren en combustión. Pero la vida se burla de los planes: en julio, Sykes entra en la liga de los padres, por partida doble. Así que, los bombazos quedan aparcados… por ahora.
El propio Oli lo cuenta sin pelos en la lengua: sus prioridades han mutado, el grupo no tiene la urgencia de antes, y la tentación de volver a la carretera o de lanzar música en modo maratón se mantiene a raya. ¿Pausa obligada? Podría ser. Pero ni por asomo significa que Bring Me The Horizon esté pensando en tirar la toalla, ni mucho menos en perder el pulso creativo, ojo.
¿Ralentizar significa perder la chispa?
No hay que ser gurú del metal alternativo para intuir que esta calma va a traer cola. Sykes lo deja claro —el tío ya no quiere atender a las necesidades obsoletas de la industria—. ¿Esperar dos años entre discos? Ja. Ni de coña. “Quiero sacar música como me dé la gana”, ha dicho más de una vez. Y la receta puede ser perfecta: más tiempo, menos corsés, calidad sobre cantidad. El equilibrio delicado entre la voracidad del fan y la lucidez del músico.
Ese paréntesis, ese cambio de ritmo, parece ser combustible para mejores canciones. Los que siguen a BMTH saben que, cada vez que Oli se toma las cosas en serio, el resultado es abrasador. Si a esto le sumamos el éxodo reciente a territorios más lo-fi (ese Lo-files desconcertante y minimalista), solo cabe esperar una reinvención, otra más, en el catálogo de la banda más camaleónica del metalcore británico.
Familia, creatividad y un as bajo la manga
Claro que hay presión. Pero no la típica presión. Es la del tipo que mira a sus hijos recién nacidos y se da cuenta de que, aunque el público rugiendo mola… la vida está fuera del escenario también. Aun así, nadie, ni él mismo, descarta soltar uno de esos temas en cualquier momento. Así, sin previo aviso. Porque BMTH es igual de imprevisible ahora que hace diez años, cuando los puristas cascaban los dientes ante sus derivas electrónicas o pop.
- Metal alternativo en su máxima expresión, sin miedo al qué dirán.
- Libertad creativa y rechazo a la dictadura del mercado discográfico.
- Doce canciones aguardando el golpe de martillo.
Bring Me The Horizon: ¿Paulatina Resurrección o Cachetada Sonora?
El interrogante arde en la cabeza de cualquier seguidor: ¿serán esas canciones la continuación lógica del último disco? ¿O nos van a reventar los tímpanos con algo que ni soñábamos? Nadie lo sabe. Solo una cosa está clara: BMTH sigue llevando la batuta, ellos deciden cuándo y cómo. Si Oli Sykes se toma su tiempo es porque (a diferencia de muchos) puede. Y porque, probablemente, cuando esos doce temas vean la luz, ni tú ni yo estaremos preparados.
Así que… toca esperar. Pero no impacientes. Hay algo brutal gestándose tras las bambalinas, algo que va a sonar fuerte. Tan fuerte como los gritos de un padre primerizo, tan impredecible como su próxima reinvención. Y quien no lo vea venir, peor para él.




