President irrumpe con King Of Terrors y demuestra que aún quedan sorpresas en el rock y metal enmascarado

¿Cuántas veces más el mundillo del metal va a flipar con bandas que aparecen con la cara tapada y discursos misteriosos? Pues sí, otra vez. Pero PRESIDENT no es cualquier clon oportunista. Su EP debut, King Of Terrors, ha llegado como una cuchillada a la rutina: tan siniestro, tan cuidado y tan pegadizo que hasta el más hater tendrá que rendirse, aunque solo sea por curiosidad. ¿Demasiado hype? Espérate, porque aquí hay para desmontar ideas preconcebidas y abrir debates de los gordos en los foros metaleros.

President: Cuando el secreto es el arma más potente

Olvídate de historias simpáticas de colegas en un garaje. PRESIDENT es una anomalía con mayúsculas. Han nacido en la sombra, sí, y juran que no piensan descubrir su verdadera identidad. Nombres falsos (President, Heist, Protest, Vice) y cero selfies; puro hermetismo. Todo en ellos grita anonimato orquestado al milímetro, igual que esa otra banda de culto que todos tenemos en mente, aunque aquí el telón de fondo mezcla vibra espiritual y una rabia política casi bíblica. ¿Casualidad que comparta management con Sleep Token? Venga ya.

Pero ojo, que todo ese envoltorio tan estudiado esconde una trinchera personal. El frontman cuenta que este proyecto nace de tener la cabeza como un bombo por culpa de una infancia religiosa opresiva y el ansia de salir del pozo. “Necesitaba largar cosas que no podía decir a cara descubierta”, confesó en una entrevista. Y el resultado: seis cortes que rezuman angustia, rabia y redención. Y filtro digital, mucho filtro.

King Of Terrors: Un EP que se revuelca en sus propias tinieblas

  • In The Name Of The Father: Así arranca la movida, con más de 11 millones de escuchas en Spotify (ojo ahí). Riffs demoledores, crítica corrosiva a la religión, peazo estribillo y voz manipulada al límite. El breakdown final tiene ese regusto a metalcore cinematográfico, puro subidón y bajada de persiana con mala leche.
  • Fearless: Aquí la cosa se pone más directa, a lo Architects o Bring Me The Horizon, con estribillos que huelen a festival de verano y producción impoluta. Quizá le falta un plus de riesgo, pero entra fácil y es imposible no corear.
  • Rage: Giros inesperados. President mete electrónica gruesa y recita a Dylan Thomas, mezclando progresivo con ambient y un toque muy Bicep. Un cruce raro, casi experimental, pero que no chirría.
  • Destroy Me: Vuelve la brutalidad, pero esta vez con el corazón roto. Letras desangradas sobre una relación tóxica (“Estoy en el hoyo y tú me has destrozado”). La música saca filo y lirismo oscuro: una mezcla peligrosa.
  • Dionysus: Contrastes a saco. Riffs afilados, ritmos intrincados y voces autotuneadas hasta el exceso, pero con una mística rara, casi eufórica, que engancha. Si Dionisio levantase la cabeza… igual hasta se apuntaba al pogo.
  • Conclave: Cierre íntimo. Apenas unas notas, texturas electrónicas, voz quebrada… la influencia de bandas emo y progresivas se cuela sin disimulo. President demuestra que el testosterona-metalcore no lo es todo.

Un futuro que huele a pole dance con la polémica

Lo curioso: este debut es cien por cien autoproducido. Y el vinilo ya está agotado. No es hype, es demanda real. En preparación, un álbum conceptual: “Quiero que la historia de President no sea simplemente mi vida disfrazada”, confesó el propio líder. Pinta a narrativa oscura y laberíntica, con personaje propio y todo el rollo.

¿Y los directos? La gira europea prevista para 2026 ya va camino del sold out incluso antes de empezar, con fechas clave en París y Zúrich, y la bandaza teloneando a Architects y Landmvrks, consolidándose como fenómeno viral y de carne y hueso. El boca a boca está servido.

¿Es King Of Terrors perfecto? Ni de coña. ¿Da para engancharnos y esperar más? De sobra.

El nuevo material tiene detalles “prestados” (por no decir fusilados) aquí y allá, cierto. Pero PRESIDENT saca músculo, identidad y un grito honesto entre tanta pose. Y en tiempos de Instagram y TikTok, esa franqueza —aunque sea tras un antifaz— podría marcar la diferencia. Apuntad el nombre, porque no será la última vez que lo veas arder en Twitter.

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