Sammy Hagar confiesa cómo metió la pata al rendir homenaje a Ozzy Osbourne


¿Puede el “Red Rocker” estrellarse en pleno homenaje al Príncipe de las Tinieblas? Imagina estar rodeado de leyendas, luces, adrenalina y… de repente, tu mente te traiciona sobre el escenario donde Ozzy Osbourne se despide para siempre. Así fue la noche de Sammy Hagar en Birmingham, un episodio tan humano, tierno, y sí, algo vergonzoso, que merece ser contado con todos sus acordes, sus gallos, y su honestidad brutal.

Cuando el homenaje se convierte en naufragio: el patinazo de Sammy Hagar con Ozzy Osbourne

Hay noches mágicas en el rock. Y hay noches que uno desearía borrar del calendario, aunque después se vuelvan pura historia. El 5 de julio de 2025, la ciudad de Birmingham acogió el evento Back To The Beginning, esa cita irrepetible para rendir tributo al último vuelo escénico de Ozzy Osbourne y Black Sabbath. Sobre ese altar sagrado del hard rock, Sammy Hagar —el “Red Rocker”, ex Van Halen, leyenda viva— debía asumir el riesgo: versionar Flying High Again del propio Ozzy, escoltado por nombres de órdago: Nuno Bettencourt, Vernon Reid, Adam Jones, Rudy Sarzo y Chad Smith. A simple vista, imposible fallar. Hasta que abres la boca.

El error humano, esa chispa caótica del directo

Hagar, confiado, seguro de conocerse la letra como la palma de su mano, se lanzó a un escenario donde las cámaras y los móviles devoran todo. Solo que, a última hora, pasó lo impensable. De repente, llamado a toda prisa, corriendo a zancadas con el corazón disparado —literalmente 50 metros de sprint— y una maraña en la cabeza. ¿El resultado? Un arranque atropellado del tema, palabras inventadas o medio olvidadas y un teleprompter que parecía correr el doble de rápido. Hagar, siempre sincero, no se cortó en admitir que se quedó en blanco, que sintió la vergüenza punzante del que falla frente a miles. “Un profesional tirándolo todo por tierra, sin paños calientes”, reconoció después. Un crash de manual.

Pero el rock no perdona, ni olvida

Ese instante de pifia —entre cables, sudor y guitarras— no opacó una noche histórica, vibrante, repleta de momentos delirantes e irrepetibles. Porque, aunque Hagar tropezara, el evento fue un mosaico de talentos: el histriónico Yungblud elevando al público, Nuno Bettencourt demostrando que no hay estilo que se le resista, o Tom Morello imprimiendo ese punch rebelde, casi eléctrico, tan suyo. Una celebración coral, verdadera, barriendo cualquier atisbo de impostura por la puerta de atrás.

Un último apretón de manos, Ozzy te mira de frente

Pero el aftertaste más fuerte le llegó a Hagar detrás del telón: estrechó la mano de Ozzy, le confesó su admiración sin florituras, y el Madman, desgastado pero íntegro, agradeció la presencia. Una mirada, un “gracias por estar aquí”, esa chispa íntima que, aún entre leyendas, desarma cualquier ego. Y, semanas después, la muerte definitiva de Ozzy le partió el alma más de lo previsto. “No éramos colegas del alma, pero… te llega. Te atraviesa”, admitió, visiblemente golpeado. Porque, si algo enseña la vieja guardia, es que el rock es darlo todo incluso cuando el cuerpo pide cama y no escenarios. Morir de pie, guitarra en mano, como un auténtico guerrero del riff.

Un homenaje imperfecto, pero auténtico: así es el rock

En esa noche de luces y fallas, de gloria y sudor, quedó la prueba más real: el rock, pese a la mística y la pose, es un terreno donde también caben el fracaso, el ridículo y el coraje de enfrentar la metedura de pata. Sammy Hagar se plantó, falló, y aun así firmó una página legendaria, por torpe que fuera. Porque lo único imperdonable, en el fondo, es no intentarlo.

No todo es perfección: el rock es visceral o no es nada

La gente recordará aquel tributo por sus errores, sí, pero sobre todo por el corazón puesto en el escenario. Lo demás —los gallos, las prisas, el prompter rebelde— queda como cicatriz orgullosa. Y es que, en el fondo, si no hay riesgo no hay gloria, y si el error no te persigue, nunca habrá rock auténtico. Hoy, quien se burle de Hagar por su “plantada”, simplemente no entiende de qué va esto. Y, sinceramente… que le den.

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