¿Quién dijo que el nu metal estaba muerto? Casi treinta años después de romper el cascarón, Sevendust vuelve a la carga y el rugido es más feroz que nunca. El decimoquinto disco de los de Atlanta acaba de aterrizar en la pista de despegue y promete emociones fuertes, sudor en el escenario y muchas ganas de romper cuellos. ¿Curiosidad por saber cómo suena una bestia domada por “Elvis” Baskette? Quédate, esto va mucho más allá de la nostalgia de MTV y pantalones anchos.
Sevendust termina su 15º álbum: grabación en la guarida del sur
Casi como un ritual, Sevendust se ha refugiado nuevamente en el mítico Studio Barbarosa, en Florida, para parir su nueva criatura sónica. Clint Lowery, guitarra y voz incandescente, lo soltó en sus redes con el brillo en los ojos de quien ha armado una bomba lista para detonar: agradecimientos para el team, para la familia, para ese “escuadrón de élite” que les ha acompañado en la travesía. Pero sobre todo, la expectación por ver a Michael “Elvis” Baskette—gurú del estudio y sospechoso habitual con la mesa de mezclas—ponerle la guinda final a la bestia. Si esperabas cambios de receta, ni lo sueñes: el tridente cómplice de Jef Moll, Josh Saldate y el propio Baskette ha repetido la fórmula, como en sus álbumes previos.
La génesis del disco no estuvo en un hotel de lujo ni en una mansión californiana, sino en la granja personal de Lajon Witherspoon, escapando de los clichés rockeros para apostar todo al proceso colectivo, a la jam rural, a ese espíritu de hermandad tan raro hoy en día en la industria. Y sí, hay que aplaudir cuando un grupo con esta veteranía renuncia al piloto automático y sigue apostando por el sudor y la honestidad compositiva.
Un disco más allá de la rutina… ¿o no?
La pregunta flota en el aire: ¿será este el álbum que por fin tumbe prejuicios y coloque a Sevendust donde merece? Los fans fieles cruzan dedos. Los haters afilan sus memes. Mientras, la maquinaria de la banda sigue girando como un engranaje enloquecido: gira acústica, versiones reducidas de himnos como “Black” o “Angel’s Son”, setlists de esos que desnudan las canciones y dejan el alma a la vista.
Giras, récords y una huella indeleble en el metal alternativo
No sólo de estudio vive el rockero. Mientras el mundo espera el nuevo asalto, Sevendust recoge los frutos de “Truth Killer”: el sencillo “Everything” llegó al top 6 en las listas estadounidenses, marcando su mejor desempeño histórico y—ojo—el mejor para su sello, Napalm Records. Que no lo digan los números: después de casi tres décadas no hay rastro de cansancio ni olor a naftalina.
Por si fuera poco, el grupo calienta motores para otra gira europea en 2026, con paradas marcadas en el calendario de todo fan ibérico: 6 de febrero en Lyon, 13 en Burdeos, 18 en París. Eso sí, compartiendo cartel con titanes como Alter Bridge y Daughtry. Ya puedes ir desenfrenando la melena, porque el regreso se huele en el ambiente y promete ponerlo todo patas arriba.
El mensaje de Clint Lowery: pura devoción, cero pose
Agradecido a Dios, la familia, mis compañeros y esa escuadra de prodigios en producción. Listos para destripar la criatura cuando Elvis la lleve al límite.
Humildad de quien ha visto ya de todo, pero un hambre que parece recién estrenada. Así—y sólo así—los lobos no envejecen.
Treinta años girando: ¿vigencia o simple resistencia?
Algunos dirán que el nu metal nunca se fue, sólo mutó. Pero ver a Sevendust seguir lanzando discos incendiarios cuando la mayoría de sus coetáneos están en la recta final o sobreviviendo a base de nostalgia, es otra liga. Ellos no buscan ser los más modernos ni subirse al carro de las modas. Su apuesta: riffs envenenados, melodía pegadiza y una energía de directo que no ha perdido ni media vuelta.
En ese sentido, que preparen el terreno: la temporada 2026 les pertenece. Sea para recordar viejos tiempos o para estamparse de lleno con una propuesta que, pese a las vueltas y los años, sigue sonando actual. ¿Quince discos y ninguna retirada a la vista? Dicen que la edad sólo pesa si dejas de pelear. Y estos tipos, está claro, batalla no les falta. Nos vemos en el foso.



