¿Puede el black metal sobrevivir al final de una de sus bestias más sagradas? Watain, abanderados de la oscuridad e iconos de la herejía sonora, han anunciado su retiro definitivo con una declaración que huele a ritual, a pólvora y a sangre seca. Los suecos dicen adiós, pero no antes de lanzar su mayor hechizo para celebrar 30 años de pura magia negra… ¿Estamos ante el último gran acto de rebeldía en el metal extremo?
Watain pronuncia sentencia: tres años hasta el final del camino
Los rumores eran más que cuchicheos en el subsuelo, pero ahora es oficial: Watain cerrará el círculo. El grupo que desde 1998 convirtió el black metal en acto místico, ha dejado claro que lanzará un último álbum –su octava blasfemia discográfica– coincidiendo con su trigésimo aniversario en 2028. Será el broche de oro. O mejor… de hierro oxidado, como les gusta a ellos.
Ni lágrimas, ni dramas. Ni miedo a los achaques ni a la rutina: han decidido su final con cabeza, no por una apisonadora de hastío o modas decadentes. Los tres años venideros serán, según lo dicho en su manifiesto, un desfile de liturgias oscuras: nuevo material, conciertos y otros secretos aún por desvelar. Todo bajo el aura ceremonial que ellos han perfeccionado –se acabó lo de agonizar hasta la extenuación, esto va de ser fieles a una filosofía propia hasta la última llama. O hasta la última ceniza.
Todo menos un adiós cobarde
Lejos de esos grupos que se arrastran hasta que nadie les escucha (te miro, Motley Crüe), Watain elige su cierre. “Escoger tu final, y que ese final sea una declaración total de intenciones, es un acto de respeto a tu propia leyenda”, afirman los más cercanos a la banda. Mejor evaporarse en combustión espontánea que perderse en la irrelevancia, ¿o no?
Watain: el culto tras la máscara
Es casi imposible hablar de la evolución del black metal europeo sin mencionar a Watain. Guiados por Erik Danielsson, auténtico chamán del underground, han llevado los límites sonoros y visuales a otro nivel. Y hablamos de límites de verdad: escenarios bañados en sangre, iconografía impía, escenografía no apta para milenials blanditos. Y una ética artística que haría arder a cualquier ejecutivo de discográfica.
En entrevistas, Danielsson siempre disparó verdades incómodas: “El metal solo es legítimo cuando lo viven inadaptados de verdad, no quienes comen de la moda. La autenticidad es un salvoconducto, no una pose para Instagram”. Brutal y cierto. Porque, al final, ¿de qué sirve la música si no es un reflejo veraz del abismo interior?
The Agony & Ecstasy Of Watain: la penúltima misa negra
Pocos discos han conseguido con tanta hondura esa sensación de estar escuchando un conjuro. “The Agony & Ecstasy Of Watain” (2022) retorció los opuestos: vida-muerte, pureza-corrupción. Canciones como The Howling o Serimosa transformaron el directo en rito esotérico, donde hasta el último riff parecía invocar esencias paganas. Inolvidable su paso por París, con un despliegue escénico que dejó a medio público entre el trance y el pánico.
Misterio que arde
La sombra con la que siempre se ha envuelto Watain no es postureo. Danielsson lo decía sin pelos en la lengua: “Nos gusta bailar con el peligro, jugar con los tabúes. El misterio es parte del arte. Si no lo comprendes, este viaje nunca ha sido para ti”. Esa distancia, ese coqueteo con lo prohibido, explica por qué la banda ha preferido poner fecha de muerte antes que diluir la leyenda. Solo para los elegidos. Para los que entienden que el black metal es algo más que velocidad y mala leche.
Últimas palabras antes del blackout
El temporizador está activo. Watain prepara su gran invocación final y después, el silencio. Un vacío abrasador en el universo del black metal… y quizá la señal definitiva de que el arte más honesto es el que se sabe finito. Los que aman al grupo, celebrarán la coherencia de la despedida; los que nunca entendieron el ritual, seguirán preguntándose de qué va todo esto. Pero, ¿acaso importa?
Al infierno con el aburrimiento: los auténticos elegidos saludan. Watain, hasta el último aliento… o la última blasfemia.
