¿Imagináis a Wolfgang Van Halen, heredero irreverente del linaje Van Halen, reventando tímpanos con un proyecto de metal extremo casi fuera de control? Pues deteneos, porque el propio Wolfgang acaba de dejar la puerta entreabierta –¡más bien desencajada!– a una locura sónica más allá de Mammoth. ¿Se avecina otro terremoto generacional en el metal?
Wolfgang Van Halen: el hijo del trueno se plantea romper su jaula
Lo que parecía una travesía por la autopista del hard rock mayúsculo puede deslizarse, y pronto, rumbo a un polvorín sonoro mucho más peligroso. En una charla en el podcast Everblack de Australia, Wolfgang Van Halen, conocido por liderar Mammoth y no achicarse con las expectativas, vislumbró sin tapujos un futuro en el que podría lanzarse de cabeza a un proyecto de metal extremo. Simplemente por el puro placer de la brutalidad, la honestidad aplastante que sólo los géneros más extremos saben regalar.
«Si lo hago», confesó, «creo que solo querría aporrear la batería. Focalizarme en un solo instrumento. Pero, oye… ¿quién sabe?». Por ahora, todo ese tsunami de energía lo dirige a Mammoth. No parece haber llegado su tope creativo; él mismo lo dice con rabia: «Tengo más que demostrar como artista. Mammoth aún necesita mucho fuego antes de apagarme». Pero no es de extrañar que, en algún descanso de la carretera, Wolfgang decida estallar los límites y hacer, literalmente, algo «completamente loco».
Mesa de mezclas, distorsión: su devoción por Meshuggah y la atracción del caos
No es un secreto: este tipo no es ajeno a la furia y la técnica visionaria. Declarado fan de Meshuggah –sí, esos suecos que apliquen matemáticas cuánticas al djent y consiguen que tu cráneo vibre en esquinas insospechadas–, Wolfgang ha trasteado en el backstage componiendo demos al más puro estilo de los nórdicos con su colega Jon Jourdan. “Por pura diversión: ritmos imposibles, grooves marcianos; total, ¿para qué enamorarse de lo fácil?”.
De hecho, el amor por la música extrema es tan profundo que Meshuggah se infiltró en la playlist de su propia boda –mira si le va la marcha a la familia Van Halen. Asistir a su directo en Hollywood, asegura, fue como una catarsis. Como si, por un instante, el caos se pusiera del lado de Wolfgang y le diera alas para volar a cualquier parte. A cualquier locura.
¿Colaboraciones soñadas o alianzas demente?
Entre sus delirios confesos existe otro círculo de ambiciones. Wolfgang no es tonto: sabe que un proyecto de metal letal pide choques de trenes con otros nombres pesados y talentosos. Su primera opción: Maynard James Keenan, ese alienígena vocalista de Tool, con quien compartió mascarilla en el Rock And Roll Hall Of Fame y del que se declara fan incondicional. Aquí, imaginaos un cruce sonoro entre el progresivo de Tool y la tormenta Mastodon-Meshuggah. Podría ser… imparable.
Pero no sólo se queda ahí. Elucubra, con media sonrisa, un trío dinámico junto a Dave Grohl e Ilan Rubin (Foo Fighters), en el que todos –como dioses del poliamor musical– intercambiarían instrumentos en cada canción. Una especie de jam eterna, salvaje, de esas que causan hernias en el público y ganas de incendiar el escenario.
Mammoth, el tercer asalto: menos cálculo, más entrañas
Mientras tanto, que nadie espere que la máquina Mammoth se pare. El 24 de octubre llega The End, el tercer (y, mago) asalto discográfico. Diez canciones, 39 minutos de música sin miramientos, grabados en el legendario estudio 5150, donde los fantasmas de Eddie seguro aún aplauden con los pies.
Wolfgang promete menos corrección, más impulso. Ya lo deja claro en el single «The End», que arranca con un tapping desbordante y un solo explosivo que ha dejado boquiabiertos hasta a los puretas del rock ochentero. Junto a ese disparo, «The Spell» y «I Really Wanna» demuestran que Wolfgang muta fácil entre el rock musculoso y el groove funky, sin perder filo ni pegada. El chaval, sí, puede bailar y romper huesos. Todo a la vez.
La gira: tormenta americana
Para remachar la jugada, desde el 31 de octubre, Mammoth se lanza de gira por Norteamérica. Wolfgang liderando el combo, despeinando escenarios junto a Frank Sidoris (guitarra), Jon Jourdan (guitarra/voz), Garrett Whitlock (batería) y Ronnie Ficarro (bajo), con el enorme Myles Kennedy como invitado. ¿Va a ser salvaje, preguntáis? Esto es una provocación lanzada al aire: si no terminas el concierto sudando y confundido, no has estado.
¿El futuro? Un experimento brutal esperando su momento
Nadie sabe hacia dónde irá Wolfgang Van Halen cuando decida bajarse de la autopista Mammoth. ¿Harán temblar los cimientos del metal con riffs galácticos, ritmos imposibles y gritos que te rascan el alma? Oye, sólo queda esperar. Pero una cosa tenemos clara: la historia de Wolfgang recién arranca y lo que viene… será de locos.




