Jeff Waters de Annihilator revela cómo Ace Frehley inspiró su pasión por la música

¿Qué músicos, guitarristas, y frikis del metal NO han fantaseado alguna vez con subirse a un escenario bajo maquillaje plateado y sentir el peso del universo en cada riff? Si perteneces a esa generación que soñaba más con una Gibson Les Paul que con un balón de fútbol, atento: lo que te vamos a contar te va a apretar las tuercas del alma. Jeff Waters –sí, el cerebro tras Annihilator y uno de los thrashers más sinceros del circuito– acaba de soltar un homenaje tan crudo como sentido a Ace Frehley. El Spaceman no era «solo» un guitarrista: para muchos fue la chispa que transformó la obsesión en vocación y arrancó la era moderna del heavy tal como la conocemos.

Una Reverencia a la Semilla del Sueño Rockero

La noticia ha caído como un martillazo en pleno pecho: Ace Frehley nos dejó el 16 de octubre, a los 74, tras un accidente en el estudio. Y sí, por mucho que Kiss siempre andara en el limbo entre lo sublime y el esperpento, su legado –y el de Frehley, más aún– sigue arrasando generaciones. Jeff Waters, golpeado de nostalgia, ha recordado en sus redes que fue precisamente Ace quien le metió en el cuerpo la fiebre de montar su propia banda. ¿Exageración? No para quienes se criaron con “Love Gun” o “Alive II” como bíblias de sus primeros sudores guitarreros.

De la Pantalla a la Realidad: El Dedo que Pulsa el Grito

“Muchos como yo soñamos con estar ahí arriba precisamente por culpa suya”, dice Waters. Pero ojo: tampoco le tiembla el pulso para mojar, confesando que Ace no era de los que se andaban con paños calientes. Anécdota joya: la vez que se cruzaron en Nueva York durante el Revolver Epiphone Golden Gods Show. En vez de “hola”, Frehley examinó el pequeño ampli de Jeff como quien huele un bocata quemado. “Eso no puede sonar”, pensó. Hasta que lo escuchó y se quedó petrificado, como si hubiese visto un OVNI –o peor, a Gene Simmons sin maquillaje.

Cuando el Metal Llora: El Adiós al Spaceman

La muerte de Ace no ha dejado un vacío cualquiera. Ha sido un cataclismo de esos que atraviesan géneros y egos. Gene Simmons habló de un legado inigualable; Paul Stanley, de un “soldado esencial e irrepetible”. Peter Criss confesó la lágrima: “Fue como perder a un hermano”. No, no es postureo, ni una pose por likes. Lo que logra Ace, muy pocos lo han conseguido: unir a metalheads, hardrockeros, punks y hasta puristas del blues bajo el nombre de un tipo adicto al wah-wah y a los solos espaciales.

  • Alice Cooper y Rob Zombie se sumaron a la ola de homenajes.
  • Steve Vai, Mike Portnoy o Nuno Bettencourt lo describieron como una influencia incalculable.
  • Gibson remató diciendo: “Ayudó a definir el sonido del rock’n’roll”. Y no les falta razón.

El Legado: Una Brasa que No se Apaga

No se trata solo de riffs, ni del salto cósmico de “Shock Me”, aquel temazo que parecía sacado de un acelerador de partículas. Va mucho más lejos: Ace Frehley era un dios de la autenticidad. Fiel a su estilo bluesy, marcando con sonido grueso y distorsión bien sazonada. Waters y su generación no lo vieron solo como ídolo distante. Fue el tipo que les mostró, guitarra en mano y actitud de forajido, que el juego iba en serio. Por eso la escena, del thrash al prog, hoy le rinde culto absoluto.

Más que un Héroe, Un Punto de Inflexión

Decir que Ace Frehley era solo el guitarrista de Kiss es como describir a Lemmy como “el bajista ese con bigote”. El Spaceman fue, para tipos como Jeff Waters, la prueba definitiva de que el rock puede ser arte, ciencia-ficción y terapia a la vez. Su huella sigue ahí: guitarras que lloran y rugen, generaciones enteras de músicos reventando salas gracias a su ejemplo. Y en el fondo, esa arrogancia sana que distingue a los gigantes de los simples técnicos: te gustará o lo odiarás, pero nunca te dejará frío. Ni muerto.

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