Gene Simmons de Kiss sufre un accidente y acaba en el hospital tras un inesperado susto

¿Rockeros invencibles? Pregúntale a Gene Simmons. Cuando crees que la leyenda es de acero, se pega un buen susto en plena Pacific Coast Highway y medio mundo se queda con el corazón encogido. ¿Sorpresa? Sí. ¿Mito caído? Para nada. Así fue cómo el bajista de Kiss, a sus 76 años, salió (literalmente) volando de su rutina y acabó en el hospital tras un accidente tan surrealista como rockero. Sigue leyendo, no te lo pierdas.

Gene Simmons: de la autopista al hospital (y vuelta a la batalla)

La historia suena casi como la intro de una power ballad ochentera: Simmons, rey de las botas de plataforma y lenguas infinitas, pierde el control de su flamante Lincoln Navigator un martes cualquiera en la soleada Malibu. Nada de cliché de estrella decadente: ni alcohol, ni fiesta, ni persecución policial. Simplemente, el bajista de Kiss se desvanece al volante y su coche atraviesa líneas como si pilotase en el escenario de un festival, hasta acabar empotrado contra un coche aparcado. Menudo solo, pero de chapa.

Según las autoridades yankees, a Gene le falló el cuerpo, probablemente por un cambio de medicación y, como no, deshidratación. Su mujer, la siempre presente Shannon Tweed, tiró de manual: un susto, unas pruebas médicas y de vuelta a casa a seguir la fiesta (pero con la botella de agua en la mano y las guitarras enfundadas por un rato).

¿Rockstar de titanio? Simmons lo explica todo a su manera

Porque si algo define a un músico curtido en mil batallas son las respuestas directas. Simmons, lejos de buscar excusas, se marca un comunicado tan ácido como sus famosos comentarios: “He tenido un pequeño golpe. Suele pasar, sobre todo si eres un conductor horroroso. Y yo lo soy. Pero todo bien, colegas.” Simple, directo, honesto. Se agradece en tiempos de “comunicados oficiales” llenos de frases vacías.

Gracias a todos por los mensajes. Estoy perfectamente. Ha sido solo un toque. Cosas que pasan, sobre todo a los que conducimos fatal. Y sí, soy yo. Todo está bien.

No es la primera vez que el demonio del bajo se topa con la fragilidad humana. Ya el año pasado tuvo problemas de deshidratación durante un show bestial en Brasil y lleva tiempo lidiando con una arritmia crónica. Aun así, el tipo sigue ahí, flirteando con los límites porque las rockstars de verdad solo se bajan del escenario cuando se apagan los amplis (y ni eso, a veces).

Kiss, ¿retiro? Ni en sueños: la maquinaria sigue rugiendo

Aunque la gira End of the Road echó el cierre en diciembre de 2023, Simmons no ha guardado la armadura ni por asomo. De hecho, prepara dos conciertos exclusivos con el resto de Kiss—pero esta vez sin kilos de maquillaje—en el famoso Kiss Kruise: Land Locked in Vegas. Del 14 al 16 de noviembre, el Virgin Hotels de Las Vegas se convertirá en templo pagano del hard rock, y sí, la fiesta sigue aunque los achaques llamen a la puerta.

El accidente de Simmons llega justo después de que Ace Frehley—el legendario Spaceman—anunciase la cancelación de sus fechas de 2025 por problemas de salud. ¿Maldición KISS? ¿O simple ley de vida para quienes llevan décadas quemando el escenario y la carretera?

La moraleja de Gene: más agua, menos drama… y que nadie te diga cuándo es suficiente

Puede que Kiss haya colgado los trajes de superhéroe, pero la realidad no es menos épica: tus ídolos no son inmortales, pero siguen siendo un ejemplo brutal de supervivencia, ironía y orgullo rockero. Simmons demuestra que incluso los monstruos del rock se doblan, pero no se rompen. Y si caen, lo hacen con estilo. Con un tuit sarcástico, hospital incluido, y la promesa de volver.

¿Qué nos enseñan estos monstruos del rock?

  • Que el verdadero rockero nunca se jubila. Se reinventa, se hidrata, y si se cae, lo cuenta en las redes sociales (con humor, por supuesto).
  • Que la fragilidad humana puede ser el mejor riff de honestidad, en un universo demasiado sordo de egos y máscaras.
  • Y que, pase lo que pase, si tienes entradas para el próximo show de Kiss, ve preparándote: Gene Simmons sobrevivirá a todos los accidentes, y, probablemente, a todos nosotros.

Así que deja el drama: el demonio sigue vivo. Y el rock también.

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