Así despide el mundo del rock a Ace Frehley, el legendario guitarrista original de Kiss

¿Quién no ha sentido que un trozo del sol desaparece cuando se apaga una leyenda? El cosmos del rock vuelve a temblar: Ace Frehley, el Spaceman original de Kiss, ha apagado su estrella a los 74 años. Era el tipo de noticia que uno se resiste a aceptar; pero sí, es real. El hombre que llevó la guitarra eléctrica a otra galaxia, que hizo que los escenarios fueran campos de asteroides y los discos de vinilo tuvieran sabor a pólvora y neón, nos ha dicho adiós. O, mejor dicho, hasta siempre.

El último viaje del Spaceman: adiós con la cabeza alta

La muerte de Ace Frehley no ha sido una de esas despedidas vacías que deja al fan buscando explicaciones imposibles. Tras cancelar sus últimas fechas por motivos de salud, la fatalidad llegó tras una caída en su propio estudio: una hemorragia cerebral terminó llevándose la vida del mítico guitarrista en la tranquilidad de Morristown, Nueva Jersey. A su lado, su familia. Círculo cerrado, sin el bullicio infernal de los tours, ni la presión de los focos. “Ace se fue en paz, rodeado de amor”, confirmaba su gente. En los detalles, hay algo inquietante, casi metafísico; como si hasta el último segundo Frehley hubiera querido darle al mundo una estampa imperecedera de rock y humanidad.

El universo rock y metal a sus pies: reconocimientos que retumban

En estos días ha ocurrido lo inevitable: la gran ola de homenajes. Nadie se ha quedado callado. Los grandes pesos pesados –Gene Simmons, Paul Stanley, Peter Criss– han soltado mensajes que suenan a final de época. Simmons escribió en X (sí, Twitter de toda la vida): “Nadie igualará su legado”. Stanley, en su declaración, fue rotundo: “Ace era un soldado del rock, esencial e irremplazable”. Peter Criss, con la voz quebrada, reconocía haber estado con él hasta el final, en un mensaje que podría hacer llorar hasta al crítico más amargo. Incluso Tommy Thayer, quien recogió el manto del Spaceman años después, admitía con humildad que caminar sobre sus huellas fue “un honor absoluto”.

¿Más? Steve Vai, maestro de las seis cuerdas, lo describió como la encarnación viviente de la actitud rockera: riffs dignos de una erupción volcánica, mirada desafiante y presencia que te dejaba sin aire. No es poco. Y fuera y dentro de las redes, fans y músicos de todo pelaje –desde Jeff Waters a Rob Zombie y Alice Cooper– han soltado tributos ardientes, prolongando la vigilia cósmica en su honor.

Entre la genialidad y el caos: la relación eternamente complicada con Kiss

Los fans curtidos lo saben: el vínculo entre Ace y Kiss fue una olla a presión durante décadas. Fundador, sí. Clave en los nueve primeros discos, también. Pero Frehley no tardó en chocar con la maquinaria fría de Simmons y Stanley, sobre todo conforme el grupo giraba hacia caminos que al Spaceman le olían a artificialidad y postureo. De ahí vino su primera fuga en 1982, aunque volvió para la reunión de 1996 y la mastodóntica gira de despedida en 2000. El cuento terminó definitivamente dos años después, no sin antes rifirrafes públicos y declaraciones cruzadas.

Gene Simmons admitió el año pasado que quizá debió haber sido más duro con Ace y Peter Criss, recordando adicciones y el caos interior. Mientras tanto, Frehley prefería reivindicarse como el “guitarrista torpe, pero honesto”: imperfecto, sí, pero auténtico, como debe ser el rock.

La galaxia Frehley más allá de Kiss: carrera en solitario y riffs para la eternidad

La sombra de Kiss nunca pudo tapar lo que Ace construyó por su cuenta. Disco tras disco, desde el mítico Frehley’s Comet (1987), el viajero Spaceman (2018) hasta el tronado 10,000 Volts (2024), el tipo siempre fue a su aire. El último, mezclado con Steve Brown, venía con ganas de incomodar incluso a sus viejos compañeros. Y había más en camino: Origins Vol. 3, otro surtido de versiones, prometía hacer ruido, aunque ya nunca llegará con su toque en directo.

Frehley era el anti-divo. Rechazó invitaciones para subirse a la nostalgia facilona del Kiss Kruise, porque, en sus palabras, “me divierto demasiado haciendo lo mío”. Nada de vender humo.

Su legado en riffs y emociones: canciones esenciales del Spaceman

  • Shock MeLove Gun (1977)
  • Cold GinKiss (1974)
  • New York GrooveAce Frehley (1978)
  • Rip It OutAce Frehley (1978)
  • Into the VoidPsycho Circus (1998)

Y su instrumental Fractured Mirror, joya nostálgica y casi meditativa, sigue silbando entre el humo del afterparty.

El Spaceman se va, pero su polvo de estrellas queda

Su influencia es tan vasta que cuesta ponerle fronteras. Inspiró a generaciones enteras a enchufar una guitarra, mirar el techo y soñar con iluminar estadios. Dentro de la Kiss Army, fuera de ella. Nadie sale del todo cuando su huella impregna cada riff rebelde, cada maquillaje corrido, cada letra que pide más volumen.

No hay un después sin Ace Frehley, porque el rock sin tipos como él es menos rock, y más… burocracia. Se fue un original, no una copia. Un pirómano emocional que jamás se escondió detrás de postureos ni poses prefabricadas.

El universo sigue girando, pero la constelación Frehley ya brilla a su manera: brillante, insolente, imposible de apagar. Y, parafraseando a sus propios himnos, no hay rendición: solo el estruendo eterno de sus acordes viajando por el espacio. Gracias por tanto, Spaceman. Nos vemos en la próxima galaxia.

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