¿Y si el último acorde de la guitarra de un dios del rock resonara en silencio, abrazando al vacío? Eso pasó con Ace Frehley, el mítico cofundador de Kiss, quien fue despedido en una ceremonia tan emotiva como secreta, rodeado por sus viejos compañeros de batalla. Una despedida fría y real, con ese matiz legendario de los que nunca dejaron de ser leyenda… ni para bien, ni para mal.
Una última Jam: Adiós a Ace en la penumbra de Nueva York
Imagínatelo: miércoles 22 de octubre, Yonkers, Nueva York. Allí descansan los restos de Ace Frehley, el hombre detrás del maquillaje plateado y las guitarras que soltaban rayos cósmicos en pleno Madison Square Garden. El tipo que, a los 74 años, se fue tras una caída absurda. Vida de estrella, final de carne y hueso. Nada de extravagancias. Ni riffs de fuegos artificiales ni estatuas de oro. Solo familia, silencio, y los tres nombres que impulsaron (y destrozaron) la leyenda Kiss a lo largo de los siglos. Gene Simmons, Paul Stanley y Peter Criss, reunidos para –¡imaginen el morbo!– decir adiós por última vez al hombre que encendió sus noches más salvajes.
El corazón en carne viva: lágrimas, recuerdos y desencuentros
Las puertas se cerraron a la prensa. Apenas unos pocos elegidos, apenas murmullos y alguna lágrima traicionera. Peter Criss, el felino original, destrozado por la partida de Ace. Nada que ver con Gene y Paul, que siempre lo tuvieron todo por el negocio. Un poco de frialdad ejecutiva, ¿quizá? Ya lo decían: “Ace y Peter eran los que sabían divertirse; los otros, calculadora en mano, a punto de perder el alma entre contratos y cuentas corrientes.” Como los infames “Toxic Twins” de Aerosmith, pero aún más radiografiados por la historia del rock.
Frehley, hospitalizado y aferrado a la vida tras un derrame cerebral ese maldito septiembre. Se apagó rodeado de quienes –aunque a veces ni se soportaban– compartieron con él algo que casi nadie entiende: sobrevivir décadas al exceso y mantener vivo el fuego de Kiss ahí donde el mundo solo ve humo.
Ace Frehley: El as de corazones que marcó a una generación
Decir que Ace fue un simple guitarrista sería quedarse a medio camino. Era un detonante. Un imán de electricidad y alcohol. Para muchos, la razón para aprender a destrozar una guitarra en el barrio. Por eso en el velorio no faltaron las voces pesadas. Gene y Paul lo dijeron sin rodeos: “Era insustituible, parte del ADN de Kiss.” Y fuera del círculo, también hubo temblores.
- David Ellefson (ex-Megadeth): “Ace es del tipo que te hace querer ser más que músico. Quieres ser estrella por tipos así.”
- Alice Cooper: “Luchador de cada noche. Es difícil perder gente así. Era un as de verdad, y no solo de nombre.”
El eco de sus solos vive en canciones que ya no se discuten: “Shock Me”, “Cold Gin”, y, cómo no, esa oda a su ciudad: “New York Groove”. ¿Su último capítulo? 10,000 Volts (2024), otra prueba de que aún con el pulso tembloroso seguía fabricando descargas para el alma rockera.
No solo un adiós… una historia tatuada en la cultura Rock
Quizá, solo quizá, ese momento final en la oscuridad de Yonkers valió más que todos sus conciertos llenos de fuego y confeti. Porque al fin y al cabo, el auténtico heavy metal se forja en las emociones crudas. Ace Frehley ya no respira, pero lo sientes cada vez que te trepan las venas los acordes de Kiss o las ganas de encender la noche con un solo de guitarra. Así se despide a un grande.
El rock no olvida: Ace Frehley, desde el otro lado del cosmos, sigue recordándonos que la locura y la honestidad deben ir siempre de la mano. Aunque moleste.




