El insólito momento en que James Hetfield de Metallica toca For Whom The Bell Tolls disfrazado de canguro

¿Alguna vez has visto a una leyenda del metal hacer headbanging vestido de canguro hinchable? Solo Metallica puede permitirse semejante locura y sobrevivir, mientras 70.000 almas rugen enloquecidas bajo la noche australiana. James Hetfield, sí, EL James, saltando y gruñendo “For Whom The Bell Tolls” entre risas y sudor, con una Flying V bajo el brazo… ¿Es esto el apocalipsis o simplemente Halloween en Perth?

Metallica y Halloween: cuando el thrash se transforma en carnaval

Imagina esto: 31 de octubre, estadio Optus de Perth, la atmósfera cargada de electricidad y cerveza. De golpe, bajo los focos, aparece Hetfield enfundado en un disfraz hinchable de canguro gigante. El público, ni pestañea. El tipo salta, se abre camino entre riffs demoledores y una voz que lo da todo, aunque el dichoso traje le robe el aire y el decoro. “For Whom The Bell Tolls” nunca sonó más… australiana. Vaya, los de Metallica no se andan con disfraces de baratillo: aquí se lanza el guiño más macarra que podía imaginarse al emblema animal de Australia.

Y no, el numerito no quedó solo en Hetfield. Robert Trujillo, siempre el alma camaleónica del grupo, se puso casco y chaleco fosforescente, más obrero que bajista, homenajeando al equipo técnico local. Hammett y Ulrich, un poco más sosos, optaron por la clase de siempre, dejando la mascarada para los showmen. Todo quedó inmortalizado, por si queda algún despistado, en la cuenta oficial de Instagram de la banda, con el lema “Let’s hop to it!”. Sí, traducido: “¡Venga, vamos a saltar al ritmo!” (inserte risas aquí).

Un directo que desafía las reglas… y las costumbres

¿Tiene sentido que el titán del thrash se ría de sí mismo? Rotundamente sí. Esta banda lleva más de cuatro décadas demostrando que hacer heavy metal no es mortirse de miedo ni vivir en pose de dios martilleador. Es también cachondearse del público, de uno mismo y de todo. Aunque, eso sí, Hetfield no llegó solo: la estrella, una Flying V edición japonesa con el mítico Scary Guy dibujado, rugía poderosa aunque él sudaba la gota gorda bajo el látex de canguro.

¿Alguien pensó que iba a hacer play-back? Ni en broma. El tipo desafinó un par de veces, pero dejó claro que la autenticidad importa más que la perfección de escaparate. “For Whom The Bell Tolls” se llenó de saltos, cuernos al aire y gargantas rotas. Una experiencia sensorial cruda y real, con aroma a hierba pisoteada y cerveza derramada.

Metallica: coleccionismo, viejas rencillas y futuro en ebullición

¿Y ahora qué? La gira mundial de “72 Seasons” sigue arrasando todo a su paso. Mientras tanto, Kirk Hammett, ese mago de los efectos de pedal y tímidos solos psicodélicos, prepara una subasta de más de 150 guitarras de su santuario personal, incluida la legendaria Back to the Beginning SG. Un caramelo para coleccionistas con la cartera bien llena.

Pero si crees que el culebrón Metallica-Megadeth está muerto, Dave Mustaine mete el dedo en la llaga: el último tema del que será (dice él) el último álbum de Megadeth será una reinterpretación de “Ride the Lightning”. Recuerdo que la coescribió antes de que lo pusieran de patitas en la calle. El reencuentro, o venganza final, como se prefiera ver… El drama nunca descansa.

Una noche para la historia y el meme

Lo que está claro: nadie olvidará el Halloween de Metallica en Perth. Algunos lo llamarán show, otros lo tacharán de payasada… Eso da igual. El metal es exceso, furia, broma, sudor y hasta un poco de vergüenza ajena a veces. Que vengan otros a intentarlo con esa dignidad, porque esto no se aprende en conservatorio. Solo Metallica —y, qué demonios, sólo Hetfield— es capaz de convertir el riff más reconocible del thrash metal en una epopeya de peluche inflable.

El día que el heavy se disfrazó de marsupial gigante, el mundo volvió a girar. Y la campana siguió sonando igual de fuerte.

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