Así fue el inesperado momento en que Pink Floyd pensó en Carmine Appice para sustituir a Nick Mason en el estudio


¿Quién demonios se atrevería a reemplazar a Nick Mason en los estudios de Pink Floyd, uno de los baterías más icónicos del rock progresivo? La respuesta te va a sorprender: Carmine Appice. Sí, ese mito percutivo del hard rock que ha repartido leña con Rod Stewart, Ozzy y Vanilla Fudge. Porque hasta los titanes del espacio psicodélico británico, a veces, buscan sangre fresca. Y lo que sucedió en el estudio dejó cicatrices sonoras. ¿Ganas de saber cómo se gestó ese terremoto en la batería floydiana?

Un telefonazo inesperado y un aire nuevo entre las sombras de Pink Floyd

A veces, el destino se disfraza de telefonazo. Bob Ezrin —productor y mago de la consola— marcó el número de Carmine sin previo aviso. “Tengo un tema raro, hambriento de una batería que reviente. Es para Pink Floyd”. Appice alucina. “¿Y Mason?”, pregunta casi incrédulo. Pero Nick, en ese momento, prefería “quemar goma” en los circuitos de carreras antes que dejar piel y callos en los timbales del estudio. Nada de historias épicas de peleas ni egos desbocados: simplemente, necesitaban músculo fresco.

Y así, en ese oscuro y denso “The Dogs of War”, corte del álbum A Momentary Lapse of Reason (1987), explota la batería digna de una carga militar, fría y sin piedad. ¿Notaste alguna vez ese pulso marcial, tan ajeno a lo habitual en Pink Floyd? Efectivamente, no era la mano elegante de Mason, sino la pegada furiosa de Appice. Un tema único en el repertorio floydiano, tan extraño como brillante: pura dinamita, lejos del terciopelo y la sinestesia a la que nos tenía (mal)acostumbrados el grupo.

Carmine Appice: rebelde sin pausa, seis décadas dándole duro

El tipo no se anda con chiquitas: fundador de Vanilla Fudge, portador de mil proyectos, voz crítica contra la industria actual. ¿Streaming? Que no le hablen ni en broma: “Nunca pondré un tema en Spotify”. Carmine quiere discos, tangibles y sonando a lo bestia. Mientras la mayoría de sus contemporáneos botan la toalla, Appice sigue girando y grabando con Cactus, su banda fetiche, y responde a la nostalgia del público rock con álbumes como Temple of Blues, que, seamos justos, ha puesto a temblar a más de un metalhead clásico.

Pink Floyd en este 2025: entre reediciones doradas y egos en combustión

Con Pink Floyd cada vez más difuso, el universo se expande en direcciones opuestas: David Gilmour enfrascado en proyectos personales y conciertos captados en Roma, mientras rema para sacar una reedición aniversario de Wish You Were Here que promete demos inéditos y mezclas Atmos dignas de ciencia ficción. Roger Waters, por su lado, se ahoga en polémicas políticas, tan fiel a sí mismo como radical en sus declaraciones, siempre en la cuerda floja entre la genialidad y la controversia.

Pero ahí queda, ese capítulo oculto, ese cruce de caminos en el que Carmine Appice marcó a fuego un tema de Pink Floyd. Una anomalía histórica, tan real como bizarra, que confirman que sí, todavía quedan grietas por donde puede colarse la locura creativa hasta en las máquinas mejor engrasadas del rock.

¿No recuerdas el tema? Aquí va una dosis de ‘The Dogs of War’ para tus oídos…

  • Carmine Appice: inquieto, afilado y crítico, sin miedo a tirarle de las orejas a la industria moderna
  • Pink Floyd: más vivos que nunca en 2025, entre reediciones, proyectos en solitario y polémicas para dar y tomar
  • La lección: hasta las bandas más eternas necesitan, de vez en cuando, un buen zarpazo de savia nueva para no morir de rutina.

Así que ya lo sabes: cuando busques anécdotas insólitas y sangre en el agua, bucea en la historia secreta del rock. Quizá te encuentres a Carmine Appice destrozando parches en el templo sagrado de Pink Floyd… y mucho más cerca de lo que imaginas.

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