¿Qué tienen en común un clásico del thrash, un giro demencial hacia la matemática más extrema y una ópera metal con alma de revolución? Sí, hablamos del tridente sagrado que Chris Adler, bestia de la batería en tiempos de Lamb Of God y ahora piloto de Firstborne, considera los pilares que moldearon no sólo su carrera, sino la historia del metal. ¿Por qué estos tres discos? Porque, joder, el metal no sería lo mismo sin ellos. Y si tienes dudas, sigue leyendo…
Los tres discos que hicieron tambalear la cabeza de Chris Adler
No hablamos de un ranking cualquiera, sino de los álbumes que encendieron la chispa en uno de los músicos más respetados de la escena. Chris Adler no se anda con rodeos: su top 3 de álbumes metaleros es actitud, revolución sonora y pura nostalgia a partes iguales.
1. Megadeth – Peace Sells… But Who’s Buying? (1986)
¿Quién necesita una biblia cuando tienes un disco así? Peace Sells no es solo un manual de thrash, es la piedra angular de un género entero. Adler lo tiene claro: este pepinazo de Megadeth le enseñó que la técnica podía abrazarse a la rabia. Habla de “tecnicidad”, pero lo que suena en esos surcos es pura hambre de comerse el mundo a doble pedal. ¿Alguien duda que la portada ya es un statement? Si no te obsesiona este disco al menos una vez al año, tienes que revisar tus prioridades.
2. Meshuggah – Destroy Erase Improve (1995)
¿Un grupo que redefine el metal y lo arrastra, a patadas, fuera de su zona de confort? Eso fue Meshuggah en los 90 y aún hoy. Adler lo reconoce: con este disco, el metal entró en otra dimensión, más cerebral, más fría, más brutal. Un monstruo polirrítmico donde cada segundo te rompe esquemas. Un detonante para toda una generación de músicos, desde técnicos obsesionados con el compás imposible, hasta cabras montesas del riff matemático que buscan el groove dentro del caos. Si escuchas Des-troy y no mueves el cuello, pídete cita en el médico.
3. Queensrÿche – Operation: Mindcrime (1988)
Ópera rock, conspiraciones, riffs que rugen y una lírica que pone la piel de gallina. Para Adler, aquí no sólo va de virtuosismo instrumental: este disco es una lección de cómo unir el cerebro y el corazón en una sola descarga eléctrica. Queensrÿche firmó una obra que aún hoy es referencia indiscutible. De esas que, cuando suenan, el respetable calla y siente el peso de la clase. Huele a álbum conceptual, a narrativa oscura, a genialidad de estudio. Casi cuesta creer que tanto arte y puño metálico caben en un solo disco.
Del caos en Lamb Of God al renacer de Firstborne
La historia no acaba en los discos que escuchó de chaval. En 2019, Adler cerraba brutalmente su etapa en Lamb Of God. Nada de discusiones musicales, simplemente reconoce que el ambiente se había vuelto venenoso, tóxico, insoportable. Para un tío cuyo groove marca escuela, era la gota que colmó el vaso: “O lo dejas o te deja muerto”. Decisión arriesgada, sí. Pero, ¿quién quiere vivir anclado a una rutina que quema más que el doble bombo?
Así nace Firstborne. Una más que interesante alianza junto a Hugh Myrone, Girish Pradhan y James Lomenzo (sí, ese bajista que también probó las mieles de Megadeth). El mensaje de Adler ahora es simple: fuera presión, entra pasión. Habrá quien pregunte si merece la pena dejar el Olimpo del groove metal para esto. Él responde con una carcajada: “Por diversión, simplemente”. Porque el verdadero espíritu del metal no es la fama ni el postureo: es sentirte vivo cada vez que golpeas la batería, aunque sea en un local de ensayo perdido en la M-30 o un garaje en Buenos Aires.
¿En qué punto está el legado?
Adler lo ha dejado claro: Peace Sells es el faro. Meshuggah fue el meteorito. Mindcrime la revolución intelectual. Y él, el testigo que recogió cada chispa para prender su propio incendio en la historia del metal. Si creías que la vida de un batería se resumía en giras, camisetas sudadas y birras a medianoche, piensa otra vez. El arte de sobrevivir en la jungla metálica, el renacer después de haberse quemado, y la honestidad de volver a empezar cuando todos esperaban que te hundieras. Eso también es puro heavy metal.
Y recuerda: si alguno de estos discos no está en tu discoteca, es momento de tapar ese agujero. Porque, sí, la vida es demasiado corta para escuchar música mediocre.




