Devin Townsend celebra el tercer aniversario de Lightwork con una versión casera de Children of God


¿Hasta dónde puede llegar la autenticidad en el metal progresivo? Devin Townsend, ese dios canadiense capaz de fundir cerebros y sosegar almas por igual, decide encerrarse en su casa—literalmente—y darle una nueva vida a “Children of God”, todo para celebrar el tercer aniversario de su disco Lightwork. No estamos hablando de un directo pirotécnico ni de un show con 10 capas de efectos: esta vez es solo él, su guitarra, y una atmósfera hogareña tan cruda que puedes sentir hasta el olor a café recién hecho. ¿Herético desacralizar así un temazo? ¿O es justo cuando lo despojas de artificios cuando toca el centro mismo de lo que somos?

Devin Townsend: el alma desnuda en el salón de su casa

El 4 de noviembre de 2025, mientras la mayoría comparte memes y fiestas de Halloween ya rancias, Devin Townsend sube a YouTube su interpretación casera de “Children of God”. Tres años cumple Lightwork—y, lejos de la ostentación escénica de sus conciertos, el canadiense se limita a una guitarra eléctrica y un micro nivel dioses. Nada más. Nada menos. El resultado: una sesión íntima, casi confesional, donde cada acorde rasguña la madera vieja de la habitación y cada palabra flota en el aire como el polvo al atardecer.

Townsend lleva meses compartiendo sesiones así. Videos donde manda al diablo al ego y se entrega solamente al arte. Antes fueron “Gratitude”, “Midnight Sun”, piezas desnudadas hasta el hueso, ahora le toca a “Children of God” recibir ese tratamiento minimalista, tan lejos del espectáculo de luces y sinfonía que suele arrastrar en directo. Es como estar en el sofá del maestro y que te cante solo para ti. Autenticidad, precisión y calidez que desarma incluso al metalero más recalcitrante.

2025: el año que Devin abrazó la soledad creativa

No es ningún secreto: Townsend decidió a mediados de año que las giras podían esperar. Que necesitaba volver a ese santuario, apenas iluminado por luces cálidas y rodeado del caos de cables y amplificadores en el rincón de casa. Aquí es donde la magia parece más tangible, más real. Ha publicado varios playthroughs desde casa, revisitando joyas como “Divine” o “From The Heart”. Incluso ha dicho que “Gratitude” es de sus favoritos. ¿Se está replegando sobre sí mismo? ¿O rearmando para el próximo asalto?

Pero ojo, esto no es el ocaso de Townsend, ni mucho menos. El genio sigue mezclando su nueva bestia: “The Moth”, continuación monstruosa del PowerNerd que soltó en 2024. Pero es que te lo creas o no, no es el único proyecto. “DreamPeace”, “The Ruby Quaker Show”… ¿Devin-Netflix style? Casi. Además, ha prometido una gran noticia. De esas que pueden hacer tambalear los pilares del prog moderno. “Me muero por contároslo todo”, dejó caer en su última newsletter. ¿Alguien más siente el humo a revolución?

Un vistazo a lo esencial: la performance en vídeo

El vídeo es puro magisterio: un juego entre luces tenues, mirada centrada y manos que recorren el mástil como si arara surcos en el alma. Cada arpegio, cada palabra, suena más cerca de la médula espinal que cualquier producción millonaria. ¿La revolución progresiva? Tal vez no está en la grandilocuencia, sino en la honestidad brutal del salón de tu casa.

Conclusión: ¿Menos es más en el metal progresivo?

Mientras otros se rompen la cabeza por ver quién lleva más bombos o más máscaras, Townsend da un golpe sobre la mesa y, guitarra en mano, nos recuerda lo esencial: el metal progresivo puede ser sofisticado, sí, pero también visceral, cálido y cercano. Y aquí está la verdadera herejía: a veces, los mayores milagros ocurren sin público ni focos, solo con el eco eléctrico de una guitarra y una idea peligrosa. Townsend lo sabe. Ahora tú también.

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