El grupo Gojira arrasa en Francia vendiendo más de 100 000 entradas y Mario Duplantier confiesa estar impactado

¿Quién demonios dijo que el metal no mueve masas? Lo que acaba de lograr Gojira en Francia podría dejar en ridículo a cualquier gira pop. Más de 100.000 almas entregadas, entradas agotadas y un torbellino de emociones brutalmente auténtico que arrasó el país como un temporal eléctrico. ¿Supergrupo francés? No. Esto ya es iconografía nacional. El propio Mario Duplantier confiesa que todavía está “fuera de sí” tras lo vivido. Vamos a desmontar tópicos y mirar de frente al metal que rompe sus propias barreras.

Gojira hace saltar las costuras: una gira histórica y algo más

Claro: en el circo del rock y el metal, todo el mundo presume de multitudes, pero ¿cuántos pueden decir que en plena gira nacional reventaron la taquilla en Francia? Más de cien mil entradas. Ciento mil historias entre el sudor, los riffs, algún wall of death y la voz impoluta de Joe Duplantier, aún convaleciente, convertido casi en un mártir de escenario tras pasar por quirófano antes de salir a la carretera.
Detrás de ese éxito hay más que un simple número. Ochenta personas volcadas en la producción, escenografías capaces de eclipsar a bandas archiconocidas, visuales que convierten cada tema de Gojira en una película para la retina. ¿No lo viste? Imagínate dos ballenas gigantes flotando sobre la multitud en París, mientras retumba “Flying Whales” en el Accor Arena… Un espectáculo que huele a sal marina, a pólvora, a futuro.

Accidentes, sustitutos y puro compromiso

Nada de parar la máquina. Joe, tras una intervención en el pulgar, no podía tocar la guitarra, pero a la familia Gojira nadie les frena. Greg Kubacki, de los neoyorkinos Car Bomb (sí, lo has leído bien: Car Bomb), cubrió la vacante en las seis cuerdas. La gira no se cancela. Doce fechas, todas a fuego lento, recorriendo desde los recodos industriales hasta los grandes templos urbanitas del metal francés.
Ver a Gojira sobre el escenario se sintió casi como asistir a un ritual de resistencia; uno que se alimenta tanto del músculo de los técnicos, la sangre de los visualistas y la rabia de las bandas teloneras (Comeback Kid, Neckbreakker). De pronto, había más de ochenta nombres detrás del logo, y miles delante del mismo.

El agradecimiento que no ve el gran público

Mario Duplantier, siempre elocuente y visceral, soltó en sus redes algo que nos desarma: agradeciendo a todos, al suplente Kubacki, a los currantes invisibles y, por supuesto, al ejército de fans que lo han llenado todo de gritos, camisetas y lágrimas. “Gracias a todos por venir en semejante avalancha”, escribió. “Os quiero a todos”. El típico cliché de músico, podrías pensar, pero no: lo suyo suena honesto, casi infantil, como quien descubre que su criatura es más grande que él mismo.
Lo que se palpa es la sensación de que esta gira no ha sido cualquier cosa. Ha sido una declaración. Francia ya no tiene que mirar a los titanes anglosajones para presumir de fuerza metalera. Y lo mejor: esto solo es un capítulo más.

Mario Duplantier lo contó de primera mano en su Instagram:

¿Y ahora qué? Hacia el horizonte, nuevo álbum en el radar

Tras poner patas arriba a toda Francia —y de paso redefinir qué significa hacer metal en Europa—, Gojira ya tiene la mirada puesta en un nuevo disco, previsto para 2026. ¿Esperar dos añazos? Toca masticar la ansiedad y asumir que cada paso de esta banda ya está instalado en la categoría de acontecimiento.
Quizá la mayor lección es simple: el metal se vive, se resiste y se comparte. Gojira desnudó sus cicatrices y se abrazó al caos colectivo, en una gira que servirá, seguro, de ejemplo y de complejo. El legado suena fuerte. Y el futuro promete otro tsunami.

¿Has estado alguna vez entre cien mil bestias rugiendo bajo una lluvia de riffs?

Quizá tu oportunidad vuelva con ese próximo disco. O quizá sólo seas un mero espectador. Pero ya nadie, absolutamente nadie, puede dudar de que el trono del metal europeo tiene dueño. Y huele a océano, a selva y a sangre francesa.

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