¿A quién le sorprende que un tipo como Evan Seinfeld —con ese aire macarra y esa mirada de “me lo paso todo por la entrepierna”— terminara ganando más billetes meneando el asunto en la industria del porno que reventando bajos con Biohazard? Agárrate, porque la realidad supera la ficción y aquí hay sexo, metal, pasta y algo de sangre. Con Seinfeld, el escándalo nunca pasa de moda… ni falta que hace.
Sexo, sudor y muchos más ceros: El otro “pelotazo” de Evan Seinfeld
Lo más bestia del asunto: Seinfeld no solo fue la voz y bajo de Biohazard, esa banda que mezcló el groove, el hardcore y el metal con la precisión de un puñetazo en el estómago, sino que un buen día se metió de lleno en el porno —y, ojo, no solo como espectador. Después de liarse (literalmente) con Tera Patrick, diva clásica del cine X, el músico cruzó esa difusa frontera entre la distorsión y la lubricidad. ¿Morbo? No. Seinfeld lo ve mucho más simple: “El sexo es ese instinto tan bruto y tan básico que nadie puede evitar”. Y con esa soltura que tienen los tipos que lo han visto todo, reconoce abiertamente que “gané más pasta en tres años en el porno que en veinte haciendo música”.
Hay que recular mentalmente a principios de los 2000. No había internet a velocidad absurda, no existían Pornhub ni similares chiringuitos con contenido gratis a raudales. Si querías porno, pasabas por caja. Y Seinfeld supo estar en el sitio justo en el momento preciso. ¿Casualidad? Más bien, pura naturaleza: “Ni siquiera lo busqué. Me llegó. Era exhibicionista y, de pronto, tenía cámaras, focos y una actriz con ganas. Blanco y en botella…”. Poesía urbana, de barrio bajo y lencería cara.
Del cine X al gran negocio digital
Después de darlo (todo) en los rodajes, Seinfeld no se retiró del negocio de la carne. Lejos de eso, montó plataformas propias de contenidos para adultos —de esas que te abren la puerta a fans que pagan porque sí, porque pueden, porque quieren tocar (virtualmente) a su ídolo. Con “IsMyGirl”, rompió el molde. Lo suyo era democratizar el porno, eliminar intermediarios y que la pasta no se perdiera de camino. Ni siquiera los cambios de década han matado su instinto olfativo para el dinero: conexión directa y billetazos sin comisiones. Menos pack de gira, más OnlyFans camuflado en cuero y riffs.
Biohazard revive: nueva sangre y caídas a lo bestia
Para los que pensaban que, tras tanto revolcón, Evan había aparcado el bajo para siempre… ¡sorpresa! En 2022, la formación clásica de Biohazard volvió con la fuerza de un pit en pleno Infest. El álbum Divided We Fall ha sacudido la escena: su primer trabajo en más de una década, bien cocinado por Matt Hyde, ese productor que ha manoseado el sonido de Slayer y Deftones. El groove sigue ahí, con el sello de siempre: bajo espeso, riffs que golpean como cencerros en una tormenta eléctrica, y una actitud que no se encuentra en ninguna app.
Momento glorioso (o brutal) de la gira: Billy Graziadei, guitarra y pura mala leche de la banda, se va al suelo en plena faena, se abre la cabeza y sigue tocando —ensangrentado—. ¿Digno de peli de Tarantino? No, más bien de un concierto de Biohazard en Montreal. Porque aquí, si no das todo lo que tienes (incluso la sangre), ¿para qué subirte al escenario?
Nuevo disco, nueva tumba para la nostalgia
Divided We Fall muestra las cicatrices, la rabia y ese amor por el caos que mantiene viva a la bestia. Biohazard no ha necesitado un “gran regreso” programado: les ha sobrado con subirse a una furgoneta y soltar toda la artillería. Si quieres una banda para irte de cañas, busca otra. Si quieres catarsis, frenesí y verdad, vuelve a poner Divided We Fall.
Biohazard, sexo y rock: ¿quién da más?
Evan Seinfeld es la prueba viviente de que el rock puede llevarte a diferentes extremos. Unas veces, a los acordes que te rompen el alma; otras, a la cama sobreexpuesta al flash. Si alguien se indigna, allá él: el verdadero metal es exceso y riesgo. Así se cruzan carreras, pasiones y negocios… hasta sangrar por el público. Y tú, ¿te atreves a tanto?




