La increíble noche en la que Max Cavalera y Chino Moreno enterraron las grabaciones del primer disco de Soulfly

¿Has escuchado alguna vez un disco que literalmente ha absorbido la energía de los espíritus del lugar en que fue creado? Prepárate para descubrir por qué el primer álbum de Soulfly tiene una carga mística tan brutal, una historia enterrada —y nunca mejor dicho— en las entrañas del metal.

Soulfly, rituales y un cementerio indio: la noche en que la música trascendió el estudio

Noche cerrada en 1997. El viento soplaba entre los árboles de Indigo Ranch, allí en California, donde se sentía el rumor sordo de lo prohibido, lo sagrado y lo inexplicable. Max Cavalera, condenado a ser leyenda, y Chino Moreno —la voz líquida y furiosa de Deftones—, cuchara en mano, conspiraban en silencio. No era una borrachera más, ni una locura de músicos… era el nacimiento de un auténtico ritual de la vieja escuela. Enterraron las cintas del primer disco de Soulfly justo sobre un antiguo cementerio indígena. ¿Superstición? ¿Desafío? ¿O puro deseo de capturar la fuerza de la tierra y los muertos para destilarla en cada riff y cada grito?

“Queríamos invocar la esencia del sitio, la verdadera potencia de los ancestros”, diría Max años después. Esa noche, el metal se tiñó de ritual, sudor, tierra y una pizca de locura. Al día siguiente, la exhumación. Y —dicen— el sonido nunca volvió a ser el mismo. Entre la línea de lo espiritual y lo punk underground, Soulfly marcaba su propio camino: único, místico y descarado.

Chama: la furia primitiva regresa a escena

Ojo, que Soulfly no vive del pasado encantado. El 24 de octubre, la banda soltó “Chama”, su decimotercer escupitajo sónico desde las entrañas. Producido con la sangre joven de Zyon Cavalera en batería y el toque bestial de Arthur Rizk, “Chama” promete púas y cicatrices. Menos duración, más veneno. “Este disco es todo actitud”, dice Max a quien quiera escuchar y a quien no. Directo, agresivo, crudo. Como una herida abierta que solo se cura lamiendo el asfalto.

  • Storm The Gates: un cañón de energía desatada.
  • Nihilist: gritos de la nada existencial, sin filtros.
  • No Pain = No Power: resumen perfecto, dolor y poder bailando abrazados en la hoguera.

Max escupe las letras no porque quiere, sino porque tiene que hacerlo. Las cree. Las vive. Las sufre. Y ese fuego, esa urgencia, se escucha, se huele, se palpa en cada corte.

Un videoclip que duele —y se te graba a fuego

Para los que creen que el metal ya no tiene ni una gota de verdad, llega el vídeo de No Pain = No Power. ¿Quieres intensidad? Vela aquí, que no sobra dolor ni energía:

Dirigido por Zyon Cavalera, es una descarga, es sudor y rabia de principio a fin. El clip no va de postureo: aquí hay carne, hay emoción, hay cameos de peso como Dino Cazares (Fear Factory), Gabriel Franco (Unto Others) y Ben Cook (No Warning). “Sin dolor no hay poder”, repite Max, martillando lo obvio y lo necesario a la vez. El dolor —en el metal y en la vida— es motor. Y si no lo entiendes, igual esto no es para ti.

El futuro: doble ración de puñetazo sonoro

Prepárate: a partir del 1 de noviembre arranca la gira Favela Dystopia en USA, con Go Ahead And Die como compañeros de fechorías. Max promete un set doble cada noche, hiperventilando con la vena punk de GAAD y desatando el trance tribal de Soulfly. Sí, va a ser un viaje de ida, de esos que no te devuelven igual.

Cuando la música es más que música

Puede que parezca una excentricidad más de músicos idos de la cabeza, pero —te guste o no— esa noche de 1997, las raíces del metal se mezclaron con un antiguo cementerio indio y el resultado lleva rugiendo décadas. Soulfly clavó su estandarte en lo inexplicable. A veces, las leyendas se escriben, a golpe de pala, bajo tierra.

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