Max Cavalera revela por qué empezar una banda en 2025 es más duro que nunca

¿Quién demonios querría fundar una banda de metal en 2025? Si le preguntas a Max Cavalera, la respuesta es un crudo “solo los locos y los guerreros”. El líder de Soulfly pone los puntos sobre las íes: en la jungla actual del metal, empezar desde cero no es una odisea romántica, es una maldita batalla. ¿Páginas de fans, oro de la música, portadas legendarias? Todo eso está muerto; ahora reinas si eres un titán de las redes o vendes más camisetas que riffs. Pero, a pesar del lodazal, Max aún ve magia en el arte de grabar un disco. Este artículo es para quienes siguen creyendo en el headbanging como religión y la sangre en los riffs como promesa.

El desastre de la industria musical: lo que Max Cavalera no se calla

Max Cavalera, esa leyenda de riffs abrasadores y actitud inquebrantable, acaba de lanzar (otra vez) una bomba en el debate eterno del metal: ¿Serían capaces las bandas jóvenes de sobrevivir en el campo de batalla de hoy? Ya no basta con sudar litros en el local de ensayo, ni rezar por un contrato discográfico que solo existe en los libros de historia del rock. El propio Max lo explica a pecho descubierto en una entrevista reciente: los años noventa fueron un milagro, pero en 2025 todo se resume en “sálvese quien pueda”.

Ya no hay disquera que te ahorre la bancarrota. Los álbumes no venden, los “likes” te persiguen como espíritus de la red y vas a morir pobre si no conviertes tu sudor en merchandising: camisetas, parches, y hasta tazas si hace falta. ¡Que no te engañen! El camino ha cambiado y ahora el músico tiene que ser su propio roadie, mánager, y hasta community manager. Según Max, esto no es solo difícil, es un infierno del que no todos salen ilesos.

“Esto lo crearon ellos y ahora ni saben manejarlo”

Cavalera no se anda con rodeos. La megaestructura de la industria musical ahora está desbordada por su propia avaricia digital. El resultado es sangrante: músicos que lo apuestan todo para acabar ahogados en la irrelevancia virtual. ¿Resignarse? Ni hablar. El viejo Max todavía defiende honestamente que los discos tienen algo sagrado. La esencia del metal, aunque se pierda entre algoritmos, sigue flotando en el aire cargado de electricidad y sudor.

Soulfly 2025: cuando el instinto manda

Olvida las fórmulas; Soulfly vuelve con un decimotercer álbum, “Chama”, tan directo como una patada en la boca. Salió en octubre, bajo Nuclear Blast, y es puro regreso a los orígenes. Nada de fuegos artificiales, solo una cascada de metal bruto con ADN punk: temas como “Storm The Gates”, “Nihilist” o ese martillazo que es “No Pain = No Power” hablan solos. Aquí no hay trampa ni cartón; es el músculo de la banda, y punto.

La alineación asusta: Max al frente, voz y guitarra cortando como navaja; Zyon (su hijo) aporreando la batería con furia tribal; Igor Amadeus barriendo la línea de bajo; Mike De Leon ardiendo en las seis cuerdas. Arthur Rizk ha puesto el broche en mezcla y mastering y el arte visual corre a cargo de Carletta Parrish. ¿Tribu familiar? No. Esto es un aquelarre de riffs y actitud.

Tournée “Favela Dystopia”: doble dosis, cero compasión

Desde el 1 de noviembre, Soulfly arrasa la costa oeste estadounidense con la gira “Favela Dystopia”. Pero ojo, que aquí el asunto se desmadra: Max toca doble set cada noche, mezclando repertorio de Soulfly y Go Ahead And Die —el otro proyectazo familiar. El final de la tormenta: Flagstaff, el 23 de noviembre. Una maratón que no entiende de treguas ni excusas.

A pesar del caos y el cambio, Max Cavalera no baja la cabeza. Persiste en su cruzada: crear discos demoledores y mantener el fuego en el escenario. Una lección brutal (y sí, algo romántica) para quienes creen que el metal, incluso en 2025, sigue siendo cuestión de agallas y resistencia. No todo está perdido; todavía queda quien levanta el puño y escupe verdades aunque el mercado se haya vuelto un circo de likes.

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