¿Pensabas que en pleno 2025 el heavy metal y la sociedad estadounidense ya habían derribado todos los muros del prejuicio? Rob Halford, la voz inquebrantable de Judas Priest y pionero en la visibilidad LGTBQ+ en el metal, no está tan seguro. En una industria que presume de ser rebelde, libre y diversa… ¿Sigue imperando la homofobia del pasado?
Rob Halford: rugido de orgullo y rabia desde el escenario del metal
Rob Halford, leyenda viva y alma inmortal del heavy metal, lleva en la sangre tanto riffs cortantes como una lucha silenciosa. Tras más de 25 años siendo abiertamente gay, el británico no se calla ante las contradicciones de la tierra donde vive desde hace décadas. Invitado recientemente al pódcast Queer The Music, Halford desnudó una vez más su sentir sobre el atraso social que todavía corroe a Estados Unidos: «Llevo viendo cómo se pudre esto desde los 80. Y que nadie me venga con cuentos: América sigue siendo monstruosamente homófoba.»
El cantante no se anda con rodeos. Su indignación, su pena… palpitan en cada palabra. «Algunos fans vienen después del concierto, de esos que te reconocen por la calle, y me sueltan: ‘Tío, me flipa Priest… pero ¡ojo!, yo no soy gay’». Halford pone los ojos en blanco —una imagen, por cierto, bastante metalera— y sentencia: «¿En serio, a estas alturas seguimos con eso? El arte va de romper cadenas, no de meterte en jaulas con etiquetas estúpidas».
El metal: tan macho, tan inclusivo… ¿O no tanto?
Halford, cabeza de unos Judas Priest en eterna combustión (ahora mismo girando por Norteamérica junto a Alice Cooper), no deja de lanzar mensajes de inclusión cada vez que sube al escenario. En un género históricamente lleno de posturas ultramasculinas y tópicos de testosterona, el cantante continúa rompiendo moldes, aunque el público norteamericano siga mostrando aristas afiladas de intolerancia.
El matrimonio con su pareja de toda la vida es hoy parte de su identidad artística, igual que los chupas de cuero y la mítica Harley. “Lo que importa es la música… y también la alegría de ser uno mismo, joder.” Pero el eco de esos comentarios tras bastidores demuestra que, sí, el metal puede ser terreno fértil para forjar identidades nuevas, pero también para que los rancios de siempre se agarren a los viejos clichés como si fueran un mástil de Fender en plena tormenta.
Un tour con fuegos artificiales y gestos simbólicos
Judas Priest no para: llevan meses celebrando los 35 años de Painkiller con la brutal gira Shield Of Pain. La gira ha dejado momentazos legendarios, como la aparición de Glenn Tipton en Londres levantando a todo el estadio. No olvidemos, además, la brutal versión de War Pigs que se trae entre manos Halford junto a Ozzy Osbourne. Ese temazo verá próximamente la luz en una edición especial, convertida ya en homenaje fúnebre y catártico al irrepetible frontman de Black Sabbath, el príncipe de las tinieblas, que nos dejó este verano.
¿Rock para todos? La batalla sigue abierta
La lucha por la normalización y la verdadera diversidad en el hard rock y el metal es una montaña rusa: avances, retrocesos, y un constante choque de culturas. Que Halford siga teniendo que aclarar su orientación (cuando podría, simplemente, dejarse llevar por la música y el estruendo) es la prueba más clara de que el machismo y la homofobia siguen emponzoñando incluso las comunidades que se dicen rebeldes.
¿Veremos alguna vez un mundo metalero realmente inclusivo, donde la primera pregunta no sea a quién llevas a la cama sino a cuántos decibelios disparas con tu guitarra? Halford no se rinde, y la escena tampoco debería. Porque, sinceramente: si el heavy metal no es para los marginados… ¿para quién diablos es?




