¿Hasta qué punto una melodía puede poseer tu mente? ¿Puede una canción convertirse en un virus, una obsesión que te roba las horas de sueño y transforma tus noches en un bucle infinito de estribillos pegadizos? Stephen Carpenter, el icónico guitarrista de Deftones, asegura que sí. Y su adicción tiene nombre: Bilmuri. Sí, amigos, este monstruo del riff no pudo dormir ni un minuto tranquilo, enganchado a uno de los proyectos más delirantes del post-hardcore actual. Pero hay mucho más detrás de esta historia: salud frágil, discos inesperados, confesiones y, claro, guitarras que arden.
Bilmuri: el nuevo veneno de Stephen Carpenter
Carpenter podía haber apelado al típico postureo y decir que su grupo fetiche es alguno de esos dinosaurios del metal de antaño, pero va y se descuelga con Bilmuri. Sí, el proyecto imparable de Johnny Franck, mezcla de locura, sarcasmo y talento multinstrumentista. En una charla reciente, el guitarrista de Deftones confesó —casi como si fuera un adolescente atrapado— que el disco American Motor Sports sonó en su cabeza durante meses, como una letanía diabólica.
¿Y lo peor (o mejor)? Que ese bucle mental era tan potente que le quitó el sueño. Según él, se despertaba en mitad de la madrugada, iba al baño, y ahí estaba Bilmuri acosándole, en repeat, con esos coros imposibles de olvidar. Un nivel de adicción digno del mejor power pop pero con esa rabia hardcore de fondo. “Tuve que dejar de escucharlo un tiempo. Me estaba volviendo loco,” ha dicho entre risas. Ahora, por fin, ha domesticado esa bestia… aunque quién sabe por cuánto tiempo.
¿Aún no has escuchado el disco que trastornó a Carpenter?
Salud vulnerable, guitarras al límite
Pero, ojo, aquí no hablamos solo de locuras musicales. Carpenter también se ha sincerado sobre algo mucho más jodido: su salud. Resulta que desde hace años arrastra problemas de diabetes tipo 2, una bomba de relojería en silencio. “Seguramente era diabético mucho antes de darme cuenta. Me estaba destruyendo poco a poco.” Palabras duras, pero necesarias, en un mundo donde los excesos —de azúcar, sí, pero también de carretera, estrés y conciertos— han pasado la factura a toda una generación de músicos.
Esta fragilidad ha marcado su participación en el último disco de Deftones, Private Music. En este álbum, Chino Moreno se ha encargado de la mayor parte de los riffs, algo poco habitual. Carpenter lo cuenta sin egos: “Chino inspira, y me siento orgulloso de lo que hemos hecho”. Incluso algunas partes de guitarra fueron grabadas sobre la marcha, sin guion previo, captando ese rayo salvaje de la creación espontánea. Como él mismo dice, “todo improvisado… hasta los efectos los puse en el momento”.
No es el único que lo sufre. Carpenter aprovecha para lanzar un dardo sobre la toxicidad de la comida actual: “Nos están envenenando a todos con el azúcar. Da igual tus genes, al final te alcanza.” Y, sinceramente, ¿quién no ha empalmado noches de garitos y snacks sintiendo que el cuerpo se queja?
Deftones y Bilmuri: dos bestias imparables
Que no cunda el pánico: las malas rachas no han frenado a Deftones. Al contrario. Private Music, su último trabajo, ha marcado el mejor debut del grupo en dos décadas, con unas cifras de ventas que harían temblar a más de un magnate. Mientras tanto, ya hay una gira europea en el horizonte para 2026 —aunque la incógnita sobre la presencia de Carpenter sigue flotando—.
Bilmuri, por su parte, sigue multiplicándose como un virus en el underground. Después de telonear a Sleep Token en Europa, Johnny Franck ha vuelto a su tierra para otra ronda de conciertos y ya está trabajando en un nuevo álbum. Sí, este tipo no sabe frenar, y quienes han caído en la trampa de su música —Stephen Carpenter incluido— lo atestiguan. Un talento desbordado que juega con el metal moderno y se burla de los límites del género. Casi da rabia admitirlo, pero… adictivo es poco.
La confesión, en palabras de Carpenter
Conclusión: ¿el metal está cambiando de veneno?
Lo de Stephen Carpenter con Bilmuri no es solo una anécdota curiosa: es la radiografía de un metal moderno donde lo alternativo y lo inclasificable pegan más fuerte que nunca. Donde los viejos rockeros caen rendidos a nuevos sonidos —y donde las melodías pueden convertirse en auténticas pandemias mentales. ¿Sabes qué? No te fíes. Hoy es Bilmuri, mañana puede ser cualquier otro outsider pasando por tu cráneo en bucle. El metal, amigos, nunca duerme.




