¿Hasta dónde puede llegar la artillería pesada del ego en el rock? Hay duelos legendarios, pero el pique entre Wolfgang Van Halen y David Lee Roth empieza a rozar la tragicomedia. Es el hijo del mítico Eddie contra el rey del teatro ochentero. ¿Orgullo herido, viejas facturas o simplemente una generación que nunca dejará de pelearse en público? Lo de Van Halen trasciende los límites de la polémica habitual –y no, esto no va solo de riffs y cabellos ochenteros. Aquí hay heridas abiertas que sangran a golpe de declaración cruzada. ¿Maldición familiar o solo gente incapaz de crecer? Pasa y disfruta, porque nos vamos a sumergir en el último culebrón del heavy rock.
Wolfgang y Roth: Un “punching-ball” en la historia de Van Halen
Wolfgang Van Halen está harto de las puyas, y con toda la razón. Tras saborear la gloria y la presión de subirse al escenario con su padre y lidiar con el showman más impredecible del circuito, este bajista ha decidido soltar la correa –y dejar atrás las muescas de Van Halen. En el podcast de Rolling Stone Music Now, Wolfgang rompió el silencio sobre la guerra fría con David Lee Roth, ilustrando lo surrealista de la situación: “Tengo 34 años y una vida propia, pero sigo siendo el blanco de sus iras.” Nada que no sea tradición en Van Halen, ese eterno ring de luchas internas y egos XXL.
Para quien no lo sepa: en enero de 2024, Roth subió a YouTube un vídeo en la línea “Daniel el travieso meets Mad Max”, largando pestes de Wolfgang. Acusaciones tan inconsistentes como una cuerda rota: que si mala actitud en la gira de 2015, que si movidas de camerinos… ni la serie “Succession” se atreve a tanto. Wolfgang, imperturbable, respondió con la tranquilidad del que ya jugó todas sus fichas: “No necesito inventar historias ridículas. Puede que no tenga ni idea de qué le molesta, pero me basta mirar atrás para entender que este tipo necesita un enemigo.”
“Ese chaval maldito”: Las viejas rencillas, en bucle
Roth insiste en llamarle “ese maldito crío”, un apelativo que suena a disco rayado en 2024. ¿Paranoia nostálgica? Quizás. Wolfgang apenas pestañea ante las provocaciones. Según confiesa, las fricciones entre Roth y su padre, Eddie Van Halen, eran el pan de cada día: “Los ochenta… siempre había líos. No sé si son cosas del rock o simple inmadurez.” Pero, por mucho que intenten arrastrarlo al lodazal del pasado, ahora se siente dueño de su historia.
La última chispa fue la acusación de Roth de que Wolfgang expulsó a algunas “invitadas” del backstage. Lo más surrealista: uno de esos expulsados, según Roth, ¡trabajaba para los contables de Wolfgang! El aludido ha optado por la indiferencia: “Ya no está mi viejo y parece que ahora la rabia se centra en mí.” Un eco cincelado a martillazos de nostalgia y soledad.
Mammoth: La ruta de escape de Wolfgang
¿Y qué hacen las nuevas generaciones cuando los dinosaurios no sueltan la presa? Evolucionan. Wolfgang ha puesto toda su rabia, y su alma, en Mammoth WVH, su proyecto propio. Desde el imponente 5150 Studio hizo nacer “The End”, su tercer asalto discográfico, parido para arrojar su sombra lejos de la leyenda familiar que solo le trae sinsabores.
La gira actual lo lleva junto a Myles Kennedy por tierras norteamericanas, y ni las promesas de oro le tientan a revivir los himnos de Van Halen: “Sin mi padre, no quiero tocar esos temas. No lo haré.” Ni duelos con Sammy Hagar. Ni jamás con Michael Anthony. Para él Mammoth es la única respuesta honesta.
El futuro: Honrar el apellido… a su manera
Wolfgang Van Halen escoge honrar a su familia con integridad, no con el teatro mediático de los veteranos. Ni la sombra alargada de Eddie, ni la boca imparable de Roth, consiguen ya arrastrarlo a la fiesta decadente del ego ochentero. Prefiere el presente imperfecto, vibrante y libre, que un pasado rancio envuelto en spandex.
El legado de Van Halen, sí… pero a su puto ritmo. Y puede que, por fin, el rock avance cuando los hijos dejan de ser el “punching-ball” de los padres. ¿O todavía hay algún vocalista dispuesto a seguir lanzando piedras desde la tumba del pasado?




