Alan Niven carga contra Guns N’ Roses por su falta de reconocimiento

¿Sangre, sudor y… demandas? Cuando el backstage de una banda de leyenda se convierte en un circo judicial y los egos explotan tanto como los amplis. ¿Un nuevo capítulo venenoso entre el antiguo manager Alan Niven y Guns N’ Roses? Sí, y con toda la pólvora del rock duro, la sed de venganza y, para qué engañarnos, esa pizca de morbo que tanto nos engancha.

Alan Niven vs Guns N’ Roses: la batalla por un libro maldito

Tres décadas después de la época dorada de los Guns N’ Roses, el exmanager Alan Niven vuelve a encender la mecha. Esta vez no hablamos de giras salvajes ni de hoteles destrozados, sino de una demanda federal en Arizona. El tipo acusa a la banda de boicotear la publicación de sus memorias, “Sound N’ Fury: Rock N’ Roll Stories”. Sí, ¡memorias! O sea, el cotilleo definitivo servido en papel. ¿El motivo del bloqueo? Un acuerdo de confidencialidad firmado en 1991, cuando ellos aún olían a whisky y pólvora.

La cosa tiene más aristas que una púas de guitarra olvidada en el fondo de un bolsillo. Niven asegura que solo el bueno de Axl nunca firmó ese papel (y todos sabemos que Axl hace lo que le da la gana). Mientras, Slash —el rey del sombrero y la melena— habría animado al exmanager con un cálido: “Tío, escríbelo, cuenta lo que quieras”, por correo electrónico. Y claro, ¿quién se resiste a la bendición de Slash?

Intensidad y resentimiento: una relación venenosa desde los ochenta

Niven fue la sombra tras el telón entre 1986 y 1991, cuando Guns N’ Roses pasaron de parias de Sunset Strip a leyendas del estadio Wembley. El propio manager lo recuerda con el típico despecho del rockero veterano: “Nadie se atrevía a controlar a Axl. Yo sí. Vendí Wembley. Lo di todo. Ahora, solo recibo silencio y desprecio”. Hay que decirlo: en el fondo, el rock es un campo minado de egos. Y aquí hay resentimientos que huelen a cuero, sudor y sangre seca.

La crónica se sigue escribiendo en tono bilioso. Niven atiza de nuevo a Rose por su exceso de mando: “Axl no es Guns N’ Roses, por mucho que se crea Keith Richards empalmado con Dios. Aquello era una química salvaje, no una dictadura de micro”. ¿Exageración o verdades incómodas? Juzga tú.

Guns N’ Roses 2025: fuego cruzado, un público insaciable y promesas que cuelgan de un hilo

Lejos de estos dramas legales, el grupo sigue vivo —y cabreado— en directo. Su gira «Because What You Want & What You Get Are Two Completely Different Things» (filosofía zen pura o sarcasmo, según se mire), recorre Sudamérica como una tormenta eléctrica. Y eso que, en Buenos Aires, Axl tuvo uno de esos ataques de furia que acaban en portazo de escenario. Según el propio grupo, fue culpa de un fallo técnico… pero nadie se cree que todo fuera tan limpio. ¿Rock ‘n’ roll, o solo mala leche? Tú decides.

Por si fuera poco, los rumores sobre un nuevo disco volvieron a encender la maquinaria del hype. Slash lo soltó cual caramelo en Guitar World: “Tenemos material de sobra. Solo falta que volvamos a encerrarnos de verdad en el estudio. Pero está cerca”. Si se consuma la hazaña, será el primer álbum que reúna de verdad a Axl, Slash y Duff desde aquel gélido “The Spaghetti Incident?” de 1993. Los viejos demonios, al menos, vuelven a tocar juntos. O eso dicen.

El hard rock nunca muere… pero algunos egos sí que matan

  • Alan Niven y su vendetta: una memoria que amenaza con sacar los trapos sucios, y a todos nos pica la curiosidad.
  • Guns N’ Roses: siguen facturando, siguen disparando polémica, siguen rompiendo y arreglando corazones tras cada riff.
  • El público: millones de fieles, desde Sevilla a Buenos Aires, esperando ver si el próximo capítulo será épico… o solo otro duelo de abogados.

Así está el patio: entre demandas, guitarras afiladas, recuerdos venenosos y la promesa de un disco que podría romper Internet y algún que otro ego. Sinceramente, ¿hay algo más rockero que vivir con un poco de lío? Ni los Rolling sabían tanto de esto. ¡Seguiremos informando, entre púas, whisky y rumores!

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