Billy Sheehan confiesa cómo se siente al ver los últimos conciertos de David Lee Roth

¿Se desmoronan los ídolos o simplemente mutan ante nuestros ojos? La escena del hard rock se divide: los recientes directos de David Lee Roth dejan la piel de gallina… pero quizá no por las razones de siempre. Billy Sheehan, bajista eterno y voz autorizada del rock, se pone ante el micro para hablar, sin pelos en la lengua, de lo que todos piensan y pocos se atreven a decir. ¿Hay que crucificar al mito por sus fallos –o abrazar su legado con dientes apretados y alguna lágrima? ¡Abre bien los oídos, porque aquí hay más que nostalgia y reverencias gastadas!

El difícil arte de envejecer en el rock: Roth bajo la lupa de Sheehan

Si eres de los que aún quema en bucle el Jump o soñaste alguna vez con los saltos acrobáticos de David Lee Roth, prepárate para digerir el trago amargo y dulce de la verdad: los últimos shows del legendario frontman han dejado ojipláticos hasta a sus más fieles. Y ahí, lanzando una mirada entre la compasión y el respeto, Billy Sheehan –ex bajista de la banda Eat ’Em and Smile y socio crucial del “Diamond Dave” post-Van Halen– no se esconde: “Cuesta ver a Roth así. Es duro, sí, pero le sigo adorando”, suelta Sheehan… mientras más de uno tuerce el gesto desde la grada.

No, ya no hay saltos elevados ni exhibiciones vocales que rasguen la estratosfera. El tiempo, ese Martillo sin piedad, no entiende de leyendas. Y Sheehan lo suelta sin pudor ni victimismos: “Envejecemos. Punto. Pero si algo conserva Dave es la habilidad de hacer que la gente salga sonriente del concierto, y eso es oro”. Es la mirada del músico veterano, curtido en mil escenarios, que pone la historia y el arte por encima de los memes y la crítica fácil de TikTok.

La deuda inconfesable con un mentor: Sheehan y el eco eterno de Roth

¿Quién sería Billy Sheehan sin Roth? Él mismo lo admite: “David me dio mi gran oportunidad, cambió mi vida, me enseñó todo sobre la industria”. No hay falsa modestia aquí: trabajar bajo las órdenes del ex Van Halen era, según Sheehan, “como sacarse un doctorado en show-business”. Es una confesión que pesa, entre los portazos de algunos y la crítica feroz que hoy maltrata a Roth en las redes.

Pero más allá de la voz, o del físico, sigue intacto el reconocimiento al carisma brutal de Roth. “Van Halen era Roth tanto como Van Halen era Eddie o Alex”, insisten los viejos zorros y los fans de largo recorrido. Las letras de Roth, afiladas, descaradas, repletas de guiños, daban a la banda ese extra macarra y sofisticado que separa una leyenda de un grupo solo bueno. Nadie lo escribe así hoy, ni siquiera intentan imitarlo. Eso –le duela a quien le duela– no se falsifica.

Roth regresa al escenario a los 70… ¿gloria o retiro a la vista?

Mayo de 2025. El M3 Rock Festival escupe calor, cerveza, y una colección de himnos nostálgicos. “Este hombre sigue ahí, encara los años con la sonrisa torcida, chistes de barra americana, y una energía que te arrastra aunque la voz ya no sea la de otra época”, coinciden los cronistas. Dieciséis temas, casi todos Van Halen. Los que le exigen perfección vocal, probablemente no entienden que hay batallas que se libran con orgullo aunque se sepan perdidas de antemano.

Si el futuro de Van Halen es una quimera rota, mucho tiene que ver con el propio Dave. Alex Van Halen deja claro, sin medias tintas: el homenaje a Eddie no va, porque Roth dinamitó la idea. Y Michael Anthony se resigna a la locura, confirmando que Dave sigue siendo “ese loco genial” con el que nunca hay que dar nada por sentado.

¿Es justo pedir eternidad a los héroes?

Hay quien se encierra en su cuarto a llorar por las cuerdas vocales rotas, y quien prefiere levantar una copa por lo vivido. Roth nunca fue el mejor cantante, aunque sí el mayor animal de escenario que ha pisado el hard rock. Lo fácil sería arrinconar a los ídolos caídos, lo valiente es recordar que, incluso derrotados por el tiempo, siguen inspirando a los Sheehan del futuro.

La pasión no caduca: el rock tampoco.

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