Yungblud defiende que el rock sigue muy vivo y destaca a bandas como Turnstile y Knocked Loose

¿Quién se ha creído que puede enterrar al rock? Cada cierto tiempo el rumor vuelve a sonar, como un eco cansino en los pasillos polvorientos de la industria musical: “El rock está muerto”. Pues, sorpresa: el rock hierve, ¡está más vivo que nunca! Y si alguien lo pone sobre la mesa, ese es Yungblud, el británico sin pelos en la lengua, que ha levantado la voz para desmontar falsas leyendas, reivindicar nuevas bandas y rechazar ese absurdo papel de “mesías” salvador del género. Que no, que aquí no va de profetas, sino de una generación de bandas arrasando con energía y creatividad, dispuestas a patear las puertas del presente. Si no lo ves, es que te has quedado en la caverna.

Yungblud alza el puño: “Al rock no le hace falta un salvador”

Pongámonos en situación: The Howard Stern Show, estudio cargado de neones, jueves por la tarde. Howard le lanza la mítica pregunta: ¿el rock ha perdido fuelle? Yungblud, sin titubeos, contesta algo que muchos piensan y pocos dicen: el rock no necesita ser resucitado porque ¡nunca ha muerto! “¿De verdad seguimos buscando a un nuevo lidercillo?”, parece preguntarse, entre risas y sarcasmo. Porque, vamos a ser sinceros, en cada generación surge alguien diciendo: “esto no es lo que molaba cuando yo era joven”. Y le respondo: gracias por tu opinión, abuelo, pero quítate el tapón de cera y abre bien los oídos.

Lo que hay ahora es una escena coordinada, multicolor, ruidosa, libre de etiquetas. Nada de héroes únicos haciendo de escudo ante la marea. Ahora el rock explota a base de colectivos, de química y de sudor puro. Yungblud lo deja claro, citando sin miedo a quienes están quemando los escenarios: Knocked Loose, Turnstile, Amyl and The Sniffers, Lambrini Girls, Geese, Fontaines D.C.… ¿De verdad alguien puede decir que el género está muerto con estos nombres humeantes? Vamos, ni de broma.

Entre cancelaciones, premios y colaboraciones explosivas

Que no se engañe nadie: aunque Yungblud haya tenido que frenar por motivos de salud, su presencia no ha hecho más que crecer. Prueba de ello, tres nominaciones a los Grammy por su disco Idols. Incluye, ojito, una versión de “Changes” de Black Sabbath que puso los pelos de punta incluso al mismísimo Ozzy Osbourne. ¿Quién puede ignorar al Príncipe de las Tinieblas cuando te escribe diciendo: “Saca ya ese temazo”? Eso no se ve todos los días.

Y eso no es todo. El EP One More Time, creado junto a leyendas como Aerosmith, ha arrastrado a Yungblud al Top 10 de Billboard por sexta década consecutiva. Sexta. Piénsalo un minuto y procura no atragantarte con el café. Y antes de que puedas preguntar: sí, ya hay fechas pendientes para el arranque de la gira mundial en 2026. ¿Alguien imagina al rock quieto? Yo tampoco.

La nueva sangre del rock: más caña, menos nostalgia

  • Turnstile: Hardcore moderno capaz de incendiar cualquier festival, desde Baltimore para el mundo.
  • Knocked Loose: Mucho más que breakdowns. Brutalidad salvaje y letras sin filtros, como la vida misma.
  • Amyl and The Sniffers: Punk-rock australiano sin anestesia, perfecta patada en el estómago para los que se quejan del “mainstream”.
  • Lambrini Girls: Atrevidas, rebeldes y capaces de decirte a la cara lo que piensan, aunque duela.
  • Geese, Fontaines D.C.: Jóvenes que escupen versos y riffs como si fueran disparos.

Esta es la realidad: el rock no es un mausoleo, es una fiesta clandestina bajo luces rojas, con sudor en las paredes y guitarras desbocadas. Hoy, más que nunca, se siente la electricidad: ese zumbido en el pecho, el rugido de una generación que no está dispuesta ni a callar ni a mirar atrás. Puede que el rock mainstream no domine como antes las radios o los charts, pero la escena underground, los festivales independientes y los directos siguen llenos de vida. De rabia. De vísceras.

Así que la próxima vez que escuches ese tópico de que el rock ha muerto… piensa en Turnstile, en Knocked Loose, en Yungblud mismo, y sonríe con sorna. Porque mientras haya guitarras enchufadas, frases furiosas y gente dispuesta a dejarse la voz y el alma en un pogo, el rock está, sigue y seguirá muy vivo—por mucho que les duela a los enterradores profesionales de tendencias.

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