Ghost explica por qué repite setlist en sus conciertos y defiende su espectáculo al detalle

¿Aburridos de las bandas que improvisan cada noche? Ghost os deja esto clarito: aquí se viene a presenciar un ritual, no una jam session. El grupo sueco, liderado por el siempre polémico Tobias Forge, planta cara a las críticas sobre sus conciertos “predecibles” y defiende su show como una experiencia de precisión casi quirúrgica. ¿Setlists cambiantes? Ni en tus sueños. Preparaos para entrar en la catedral herética del rock con una misa negra que se repite… pero siempre deslumbra.

Ghost y la obsesión por el espectáculo perfecto

Hay quienes aún creen que ir a un concierto de rock equivale a dejarlo todo en manos del azar, a buscar ese temazo inesperado que te hará flipar como si fueses el único en el público. Pero Ghost juega a otra cosa. Ni son los Grateful Dead, ni buscan serlo. Sus directos están diseñados con una meticulosidad enfermiza, casi como si estuvieran montando una ópera satánica donde cada riff, cada luz y cada efecto tiene su libreto. La próxima gira norteamericana lo dejará aún más claro: aquí nadie se sale del guion.

“No somos ese tipo de grupo”

Así lo suelta Forge sin pelos en la lengua, casi desafiante: “¿Queréis que cada ciudad tenga su menú? Pues no, lo nuestro es un espectáculo de principio a fin, cerrado y pensado al milímetro”. Y vaya si lo cumplen. El SkeleTour —esa gira que ya huele a leyenda— es una ceremonia macabra donde los detalles se cuidan como si fueran reliquias. Los cambios improvisados quedarían como tacones en el barro. Cada noche, el público presencia el mismo exorcismo sónico. Con todo el dramatismo posible, claro.

Setlists fijos, pero no tan rígidos como parece

No nos engañemos: tampoco es que Ghost sea un robot programado. Siempre dejan hueco para el juego, para un par de guiños aquí y allá. Un tema cambiante de vez en cuando, porque la sorpresa, si es medida, tampoco mata a nadie. “Es nuestro pequeño secreto —bromea Forge—; nadie sabe exactamente cuándo saltará ese tema inesperado”. Pero la columna vertebral del espectáculo jamás cambia. Hay que conservar esa atmósfera, esa coherencia que hace que hasta el más fanático salga del concierto sintiendo que ha visto algo trascendente… y no un simple recital de rock.

Un 2025 que arde: éxito, películas y teléfonos prohibidos

El último año ha sido una locura. Gira implacable por Europa en primavera, América en verano —entradas volando, colas kilométricas, y ambiente de secta en cada recinto—. El cierre en México: dos conciertos grabados en glorioso 16 mm, material para un film que podría distorsionar la frontera entre documental y película de terror. Se verá en 2027. Pero, ojo, durante el tour nada de móviles. Prohibido. Los asistentes viven la experiencia tal cual, sin pantallas, como un rito antiguo entregado al demonio de la inmediatez y el artificio bien orquestado. Esto no es un streaming barato, macho. Esto es Ghost.

El sonido de la victoria: “Skeletá” y récords imbatibles

¿Y mientras? El disco “Skeletá” voló directo al número uno en el Billboard 200 nada más publicarse en abril. Más de 44.000 vinilos vendidos en solo siete días. Escandaloso. Pero no sorprendente. Es la culminación de una fórmula: atmósfera sin fisuras, estética cuidada y mucha mística alrededor de lo desconocido. Ghost no solo vende música: vende una experiencia, tan planificada que cualquier error parece pura imaginería barroca. ¿No querías rock teatral? Aquí lo tienes, servido con una calavera y una vela negra en la mesa.

¿Aburre la perfección? Ghost responde con hechos

Qué ironía: se les acusa de falta de espontaneidad, pero son de los pocos grupos capaces de elevar un concierto a obra total. Un engranaje bien engrasado donde el margen para la improvisación es tan estrecho como la boca del infierno. Pero eso… eso nos fascina. Nos vuelve adictos. Porque el verdadero arte no teme a la disciplina, y cuando la misa negra termina, salimos sabiendo que no hemos visto cualquier cosa. Hemos presenciado el aquelarre meticuloso de Ghost, y eso —amigos y amigas del metal— no lo hace cualquiera.

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